Por/José Guillermo Rodríguez Escudero
  LA VIRGEN Y EL DIABLO.LA FIESTA, EL ARTE Y LA TRADICIÓN SE FUNDEN EN TIJARAFE. La tradición oral nos cuenta que la talla de la Virgen de Candelaria, Patrona de Tijarafe, había llegado a La Palma en el siglo XVI con destino a su vecino pueblo de Puntagorda. Tuvo que ser escondida en una cueva del Barranco de Pino Araujo para protegerla de los feroces piratas que merodeaban por las costas. Una vez disipado el peligro, algunos lugareños fueron a recogerla a su escondite. Cuando trataron de llevarla por mar a su destino final, era tal el insólito peso de la imagen que tuvieron que desistir en su empeño de proseguir el viaje. Fue imposible. La interpretación de aquel prodigio fue que la “Señora” quería permanecer en Tijarafe. Este supuesto deseo divino fue rápidamente obedecido. Se cuenta que brotó una fuente en el aquel preciso lugar, en la llamada “Cueva de la Virgen”, y los numerosos romeros que, desde entonces acuden a celebrar las fiestas marianas de septiembre, rememoran esta bonita historia que se ha transmitido de padres a hijos en aquel orgulloso pueblo norteño. En esta edición de 2008, el día 4 de septiembre es el elegido para que tenga lugar, a las 18:00 horas, la peregrinación a la Cueva. Luego tiene lugar la tradicional Eucaristía y una merienda compartida por los presentes. UNA FIESTA DE FUEGO EN EL VERANO DE LA PALMA
VIRGEN DE CANDELARIA
Como titular del hermoso templo del siglo XVI presidía su altar mayor dentro de un tabernáculo de madera en 1567. El mayordomo de la ermita, Gaspar Álvarez, declara al año siguiente haber invertido 1000 maravedíes en el aderezo de la talla y 2688 en un manto de tafetán azul. A través de los sucesivos inventarios (1571,1589) tanto los lujosos trajes como las prendas irán incrementándose. La profesora Negrín nos informa de que “una vez asentado el nuevo retablo mayor en el primer tercio del siglo XVII, pasó a ocupar el nicho principal del mismo, donde la hallaría colocada el visitador Don Juan Pinto de Guisla en 1678 y donde ha permanecido hasta nuestros días”.
El Visitador José Tovar, en 1705, observó que su estado no debió de ser entonces el apropiado, pues dispuso que la talla flamenca fuese trasladada cuidadosamente a la capital palmera “con el fin de someterla nuevamente a las operaciones de dorado y estofado”.
El Niño porta en sus manos una pera, alusiva a la Encarnación, y un pájaro, “símbolo del alma del pecador refugiándose en Cristo” (Salmo 123, 7). La Virgen presenta una larga cabellera extendida en compactos mechones y adornada con un pequeño tocado y una cinta sobre la frente. El hábito que la cubre tiene escote redondo y está ajustado por la cintura. Los ampulosos ropajes ocultan un estilizado cuerpo que se desploma sobre una pierna. Los suaves pliegues de las telas, de crestas redondeadas y el tratamiento de los paños “se advierte en otras obras de la escuela brabanzona datadas a principios del siglo XVI”. La Virgen ladea levemente su cabeza hacia la del Niño, en maternal postura, mientras que en su mano izquierda sostiene la “candela” de plata o larga vela, símbolo de su advocación.
Además de los actos litúrgicos de su onomástica, 2 de febrero, la Fiesta de la Virgen se celebra también en el mes de septiembre. El día 8, después de la Misa solemne concelebrada y cantada por la magnífica masa coral de Tijarafe y Mazo, es trasladada procesionalmente a través de las calles del casco, profusamente adornadas, entre el estruendo de fuegos de artificio y el acompañamiento de multitud de fieles. Sus andas de baldaquino magníficamente decoradas portan delicadamente al bien más querido de este municipio palmero, efigie a la que ofrecen numerosos actos en la celebración de la “Natividad de la Virgen”. A su entrada tiene lugar, tras el “Cuadro Plástico”, la famosa Loa en su honor.
En la madrugada de la víspera, durante una monumental verbena, el popular y temido “Diablo” danza entre la multitud embelesada y estalla en fuego y colores. Los fuegos artificiales inundan la plaza y la diabólica figura se convierte en una bola incandescente hasta que su cabeza explota. Un año más vence la Virgen sobre Satanás. El Diablo hacía entonces “la venia” o las tres genuflexiones a la Patrona ante las puertas cerradas del templo. Se está tratando de recuperar esta tradición. Antiguamente, aquél, chamuscado, acompañaba a la Virgen en su itinerario procesional del día siguiente..
|