Por/Fidel Campo Sánchez
A vista de Berode.
Cuando el Señor, en Mateo 5:38/42 nos habla del amor hacia los demás y dice “Oísteis que fue dicho: ojo por ojo, y diente por diente (ley del talión). O sed, pues, vosotros perfectos como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”.
Nosotros entendemos que “poner la otra mejilla”, dicho en el contexto del discurso de la Montaña en que Jesucristo reforma la “ley del talión” es todo un acto de amor y humildad.. Lo que Cristo enseña, en forma concreta y didáctica, cuál ha de ser el espíritu generoso de caridad y mansedumbre.
Por eso, frente al espíritu estrecho, exigente y de contención constante, por parte del obispo de la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna ante la ciudadanía lagunera, pone Cristo la anchura y generosidad de la humildad y la caridad.
La doctrina de Cristo, señor Álvarez, enseña: si alguno te abofetea en la mejilla derecha, muéstrale también la otra. Esta lección supone que la persona religiosa y buena debe evitar toda reacción violenta y negativa hacia su pueblo, el lagunero y tinerfeño en general, al que está llamado a servir y padecer con resignación las agresiones que le propicien y que este clérigo considera intolerables pero… si las hubiere son consecuencia de la testarudez e intransigencia por parte del clérigo.
Y que son la razón evidente que tenemos los cristianos a que aplique la norma 516 del sínodo, diocesano de manera diferente a lo que viene haciendo con la prohibición que la Escuadra de Artilleros, escolte, acompañe a nuestro Santísimo Cristo.
No tiene porque sorprender el que los laguneros no quieran al obispo y pidan su dimisión y que, además, esté públicamente reprobado, al pedirle que dimita, que se mande a mudar, habida cuenta que estimamos que es en justa correspondencia a su política de romper irrespetuosamente la fe de un pueblo a sus tradiciones y permitirse establecer diferencias notables y comparativas con otras diócesis que sí permiten se escolte en las precesiones.
Y por si fuera poco lo que viene ocurriendo resulta que ahora se ha ganado a pulso, por soberbio y hasta cretino, el tener mala, malísima prensa, al no sentarle nada bien que una fémina periodista de la Agencia Internacional EFE le preguntara sobre el tan controvertido asunto de la Escuadra de Artilleros. Al ciudadano Álvarez no se le ocurrió, otra cosa que con malas maneras, apartándole la grabadora con la que pretendía diera su opinión, dio la peor respuesta que se debe dar a un medio de comunicación de masas, depreciándola cual vulgar machista, delante de los compañeros de diferentes medios.
Esa prepotente acción, sin duda, le traerá muy pero que muy malas consecuencias. Al igual que aquellas declaraciones, llevándose por lo que le dictaba el subconsciente, imputando actos de homosexualidad e impureza a menores de 13 años que se insinuaban y provocaban a los curas.
A lo que le decimos: don Bernardo ¡apague y déjese “dir ya”.