Por/José Guillermo Rodríguez Escudero
LA VIRGEN Y EL DIABLO.LA FIESTA, EL ARTE Y LA TRADICIÓN SE FUNDEN EN TIJARAFE. OTROS ELEMENTOS
Las veinticuatro columnas de orden corintio (doce por cuerpo y custodiando a los santos por ambos lados) tienen las estrías llenas de boceles, algo achatadadas. En el ático, son pequeñas pilastras las que sitúan entre los tres lienzos.
Por si la presencia de tantos elementos ya casi decididamente barrocos no bastase, los extremos laterales del retablo rematan, sobre la cornisa del segundo cuerpo, con dos volutas gigantescas, separadas entre sí por los tres lienzos del “Calvario” anteriormente mencionado.
El sagrario es de plata, aunque de confección posterior al retablo. En una moldura de su base puede leerse: “Esta obra ce iso siendo Be. Beneficiado Dn. Pedro morera. Año de 1798”. El que se custodia de madera tallada y dorada en el interior de una alacena de la sacristía es posible que sea el que originalmente estuviera ubicado a los pies de la Virgen, dando cobijo al Santísimo. El profesor Trujillo nos informa de que “dos pequeñas pilastras lo encuadran. Apoyándose sobre un pedestal decorado con espléndida y única hoja de acanto, y rematadas en capitel de triple gallón. La decoración de la puerta es lo más original, a base de una doble forma floral de traza indiana, un poco a la manera de representación de la cantuta arequipeña, y que volveremos a encontrar en otros retablos palmeros”. (La cantuta es una especie de clavellina, también llamada “flor de los Incas”)
ESTADO ANTES DE LA RESTAURACIÓN
Hemos visto cómo el pueblo palmero de Tijarafe conserva una de las más significativas joyas de la arquitectura lignaria en su retablo mayor, ejecutado probablemente en el transcurso de la primera mitad del siglo XVII por el afamado artista Antonio de Orbarán. Una excelente pieza de reconocido prestigio artístico que, a comienzos de la década de los 90, se hallaba en un lamentable estado de conservación. Una gran suciedad acumulada durante años cubría totalmente el altar, afectando visiblemente a los dorados, haciendo que el resto de la superficie pintada perdiese intensidad y riqueza de tono. Se había producido un total abandono a lo largo de los siglos. Se hallaban en mal estado, no sólo las esculturas, sino su talla, su estructura, los lienzos y las tablas. Se observaban pérdidas parciales de policromía, desgastes de oro y pintura, clavos oxidados, etc. Otra de las causas del deterioro y que afectaba a la unidad estética de la obra eran los repintes realizados en anteriores intervenciones; así, en el año 1733 los libros eclesiásticos dejaban constancia de que tras la reedificación se hizo necesario “retocarlo”. Numerosos repintes fueron realizados sobre los años 60 con pinturas acrílicas y que ocultaban la policromía original, “excepto el dorado de los marcos de la predela y el frontal central del banco, cuya policromía no se corresponde con el resto del retablo, siendo ésta del siglo XVIII” (extracto de la Memoria de Restauración)
El Apostolado, en conjunto, se hallaba muy deteriorado. Aparecían desgastes en los pliegues de los mantos y túnicas; además, algunos presentaban pérdida de manos y algunos atributos personales que portaban. Su preparación era blanca, la unión de las piezas era a base de espigas y reforzadas con telas. Se apreciaba el ataque de insectos xilófagos, algunos repintes y notables pérdidas de oro así como de policromía.
En cuanto al estado de conservación de los lienzos, también se apreciaba un gran deterioro y abandono. Desde bordes perdidos y pintados, clavos oxidados, marcas de tensión (guirnaldas), desgastes en la pintura y pérdidas parciales de color, algunos rotos; “se apreciaba preparación de color rojo en las zonas donde no hay pintura, y se deduce del oscurecimiento general. Presentaba cuarteados pasmados en el barniz y repintes sobre la tela”.
RESTAURACIÓN
Las restauradoras del Taller Insular de Restauración del Cabildo de La Palma, doña Isabel Concepción y doña Isabel Santos, tras evaluar en 1990 el lamentable estado de esta joya, firmaron un proyecto de restauración en el que se propusieron la recuperación total del retablo. La propuesta global de este equipo se llevó a cabo a lo largo de tres tareas en las que esquemáticamente se llevaron a efecto los siguientes procesos: consolidación de los soportes y de la preparación, limpieza y eliminación de los barnices antiguos, reintegración de las tallas y del soporte, preparación de las zonas perdidas, desinfección y desinsectación preventiva, reintegración de las lagunas de policromía y barnizado.
BIEN DE INTERÉS CULTURAL
El Decreto 77/1996, de 30 de abril, declara “Bien de Interés Cultural”, con categoría de Monumento, a la Iglesia de Nuestra Señora de Candelaria. Está firmado por el Presidente del Gobierno de Canarias don Manuel Hermoso Rojas. La Dirección General de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas, por Resolución de 13 de octubre de 1982 (B.O.E. nº 12, de 14.1.83), había incoado expediente para tal declaración. La tramitación del mismo se llevó a efecto según lo determinado en la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español (B.O.E. nº 155, de 29.6.85) y Real Decreto 64/1994, de 21 de enero, por el que se modifica el Real Decreto 11/1986, de 10 de enero, de desarrollo parcial de la Ley 16/1985, de 25 de junio (B.O.E. nº. 52, de 2.3.94)
Aquí adjunto el extracto del Anexo I donde se habla de la obra que nos ocupa:
“En el interior del templo, la nave principal, de estilo sobrio y sencillo, pero muy acogedor. Al fondo, el interesante Retablo Mayor, obra de Antonio de Orbarán, de gran valor e interés artístico, siendo éste uno de los pocos ejemplos conservados en el Archipiélago que muestran una idiosincrasia arquitectónica de cinco calles. La originalidad de este retablo estriba en la fórmula seguida por Orbarán de situar los intercolumnios o entrecalles todo el muestrario escultórico de todo un extraordinario apostolado, lo que adquiere prácticamente la apariencia de once calles. Resulta, por lo tanto, una solución mixta esculto-pictórica.”
Sólo los usuarios registrados pueden agregar sus comentarios. |