Por/J. Lavín Alonso
No todos los fundamentalismos perniciosos proceden de mas allá de nuestras fronteras; ni de otros credos religiosos, otras culturas u otros ámbitos políticos. También los tenemos en casa. Tenemos, sin ir mas lejos, la operación de acoso y derribo que se está llevando a cabo contra la lengua castellana por parte del Consorcio para la Normalización Lingüística, que propicia y lleva a cabo la Generalidad. Quienes tengan edad suficiente, sabrán o recordarán la autoritaria, y por ende nefasta, consigna del franquismo: “Habla la lengua del Imperio”. No se que habría fumado ese día el autor de semejante parida; tampoco supe nunca a que imperio se refería, pues los últimos vestigios de los dominios donde nunca se ponía el sol, habían sido fagocitados, casi medio siglo atrás, por la bulimia imperialista yanqui. En todo caso, y volviendo a lo de la consigna, la dictadura acosó y prohibió el catalán y otras lenguas regionales en forma tan despiadada como mostrenca, en un denodado e inútil esfuerzo por poner puertas al campo o trabas a la libre expresión de las gentes. Aquí y ahora si vale decir, pese a quien pese, que aquellos menguados polvos dictatoriales trajeron estos polvos nacionalistas de un CAC castrador de ideas libres o del tal consorcio, que se erige en una especie de auschwitz moderno e inquisitivo del castellano. Hay un tal Sostres, que afirmó, en un medio de allá, que “en Barcelona queda muy hortera hablar en español”. Así, por obra y gracia de la patochada de un necio cualquiera, 400 millones de hispanohablantes de todo el mundo nos vemos constreñidos a la condición de horteras, incluidos no pocos y muy eximios de sus paisanos; todos bajo los sabios dictados de 23 Academias de la Lengua Castellana, distribuidas en otros tantos países, incluidos los EE.UU. y Filipinas.
A que grado de deterioro hemos llegado, sin saberlo hasta ahora, y en lo que al terreno de la expresión oral respecta, el inmenso grupo de los que utilizamos la cuarta lengua mas hablada del Mundo, después del inglés, y la mas estudiada en naciones de otras lenguas – muy por delante del francés, el alemán, el italiano o el ruso. También habrá que considerar horteras, según el sujeto en cuestión, que solo habla en español “con la criada y algunos empleados”, a los mas de 40 millones de de hispanohablantes de Estados Unidos, así como a sus mas de 6 millones de estudiantes de esta lengua.
Esta tenacidad obsesiva por erradicar de GALEUSCAT el castellano, idioma que, por cierto, habla más de la mitad de su población, resulta de un aldeanismo deplorable, con perdón del tal Sostres y sus epígonos, quienes, por cierto, me traen a la mente el titulo de una celebre obra humorística de Álvaro de Laiglesia: Dios le ampare, imbécil.
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