Por/José Guillermo Rodríguez Escudero
SAN MIGUEL Y EL DIABLO EN LA ISLA DE LA PALMAEn la magnífica escultura del Arcángel de 113 cms. -considerado popularmente como titular del Patronazgo de La Palma que se conserva en la iglesia homónima de Tazacorte, procedente de taller brabanzón del primer tercio del siglo XVI-, observamos cómo a sus pies se retuerce el diablo negro, en configuración zoomórfica. Sus “vellosas extremidades terminadas en garras” se clavan en el escudo, como si quisiera arrebatárselo, mientras que la otra tiene asida la parte posterior de la pierna del santo y que se funde con el manto de aquél. Martín Sánchez dice que “por su textura, el Demonio nos parece estar completamente lleno de pelos”. Recuerda Réau que “estos pelos son la imagen del pecado que se levanta en la conciencia”. La bestialidad del Maligno queda así reflejada: dos cuernos, nariz aplastada y una gran boca abierta con dos largos colmillos y una carnosa lengua roja sobresaliente, “semejantes a los de los perros y que parece indicar la expresión de un grito desgarrador”. Es la talla del Patrón “San Miguel”, “Vencedor del Demonio”, recientemente restaurado por las profesionales del Taller de Restauración del Cabildo Insular y que desfila procesionalmente cada 29 de septiembre, día de su onomástica. Otra efigie espectacular es la que se venera en el Real Santuario de Nuestra Señora de Las Nieves. Lucifer es representado como una horrible bestia antropomórfica alada que mira al suelo, derrotada. Tiene unas grandes orejas puntiagudas hacia abajo, ojos redondos inflamados, gran cabeza en proporción a su cuerpo, boca desencajada con amplios bigotes, nariz aplastada y hendida. Una bestia que tiene sus extremidades como las de un macho cabrío y unas alas membranosas de quiróptero, aludiendo así que Satán es el “Príncipe de las tinieblas”. Sobre su pecho descansa el pie izquierdo del Arcángel, único punto de apoyo del elegante ser alado que sugiere estar flotando. Su antigua ubicación era el retablo de la Vera Cruz del convento franciscano de la capital palmera. Es una escena alejada del carácter violento que encierra el concepto de la lucha apocalíptica. Está concebida como una escena casi graciosa. Para Réau, la influencia del teatro de los Misterios, al final de la Edad Media, contribuyó a orientar la iconografía diabólica hacia la caricatura: “del drama se ha caído en la farsa. El diablo ya no da miedo: hace reír. Es el coco para los niños: una especie de guiñol o Polichinela...”
En la nueva Parroquia de San José de Breña Baja, sobre una ménsula (primitivamente en el retablo mayor de la antigua iglesia), se custodia otra talla flamenca policromada de 110 cms del último tercio del siglo XVI. San Miguel se representa como “Vencedor del Mal”, portando la balanza y sobre una infernal criatura. Las extremidades superiores se asemejan a las humanas por sus largos dedos, tal vez de uñas largas, en cambio, las inferiores terminan en garras. Dos cuernos puntiagudos salen de su cabeza, que tiene barba, bigote, nariz aguileña, gran boca abierta, ojos desencajados... “como si estuviera emitiendo un rugido desgarrador”.
Otro de idéntico tipo es el óleo sobre tabla (166 x 76 cms.) colgada en la pared lateral izquierda de la nave central de la iglesia de Santo Domingo. Es la imagen titular del Ex Convento de San Miguel de Las Victorias y, como tal, su ubicación primitiva era en el retablo mayor, hoy desmembrado. Es obra del flamenco Pourbus el Viejo (1523-1584). Otra horrenda criatura boca arriba trata de apoderarse de uno de los platillos de la balanza mientras es pisoteada por el Arcángel. En el desnudo humano de Satanás, dibujado en escorzo violento, se resaltan los músculos de los brazos y de las piernas. Los pies son deformes en relación al resto del cuerpo, “presentando una exagerada longitud de los dedos”. Sus orejas son puntiagudas, la boca abierta, músculos faciales tensos y marcados como si estuviera gritando. En contraposición, el Arcángel presenta un movimiento lento y majestuoso y de su rostro emana una gran tranquilidad y belleza.
Actualmente se venera en la sacristía gótica de El Salvador, sobre una repisa de madera, la imagen de San Miguel, “Vencedor del Diablo”, antiguamente entronizada sobre el remate del sagrario del antiguo y fabuloso altar mayor. Es una talla policromada de 130 cms de altura, de 1644, atribuida a Antonio de Orbarán. Sobre la fulminada escultura de su pequeño y delgado oponente, surge majestuoso portando en su mano derecha una espada flamígera. Acompaña cada lustro a la Virgen de Las Nieves en su paseo triunfal por las calles de la capital palmera.
En la hornacina lateral izquierda del retablo del Rosario, en la parroquia de Ntra. Sra. de La Luz de Garafía, aparece otro San Miguel, de 1742. Una talla policromada de 110 cms de altura salida de la gubia de Nicolás de Avendaño (1699-1759). Acerca de esta efigie nos dice Martín Sánchez: “sobre la originalidad de la concepción del dragón en esta imagen, nos presenta ciertas dudas, ya que si tenemos en cuenta la disposición de las piernas y el calzado del Arcángel, esto nos indica, una colocación primitiva sobre el plano de una base. Además, la figura de Miguel queda sujeta a la de su contrincante mediante una placa metálica.” Es posible que el pueblo no entendiera la ausencia de la bestia, porque se aprecia que originariamente no poseyó diablo. Por no adaptarse al gusto popular, se le hizo este nuevo “y rudo acoplamiento”. La sensación maléfica del bicho la proporciona una boca de la que sobresale una lengua bulbosa entre colmillos. Por medio de unas pinceladas se imitan las ascuas del infierno.
En el pequeño museo de arte sacro de Los Llanos de Aridane, en la iglesia de Los Remedios, se ubica una escultura popular de 125 cms. sobre una forma diabólica de color oscuro. Es del siglo XVIII.
En este mismo municipio, en el Santuario de Las Angustias, su San Miguel se presenta como un joven adolescente imberbe, cuya belleza se ve confrontada con una menuda figura satánica que se retuerce a sus pies y que aun conserva partes de un casco de guerrero, “aludiendo una batalla recién librada”. Las terminaciones de sus extremidades se asemejan a unas garras de animal, tal y como “si se hubiese querido plasmar un instante de la metamorfosis del ángel sublevado hacia una configuración antropomórfica o zoomórfica”. Martín Sánchez también nos indica que esta figura lleva en la zona de los genitales otra cabeza. Recordamos las palabras de Réau en su capítulo «Satán y los Demonios», cuando al hablar del paganismo en la iconografía diabólica, de aquél “es la exhibición de cabezas que hacen muecas, o que ríen burlonamente en los lugares más incongruentes y los más obscenos del cuerpo de los demonios: sobre su vientre, sus rodillas, su sexo o las nalgas”. Este autor nos recuerda que fue la mitología griega la que suministró al arte cristiano el modelo del diablo, tras haber destacado su derivación del Sátiro antiguo.
La magnífica efigie conservada en la parroquia de San Juan de Puntallana, de 130 cms, del célebre imaginero Benito de Hita y Castillo, se cataloga como “San Miguel batiendo al Demonio”. Esta fabulosa pieza de la escuela barroca sevillana está entronizada en el retablo mayor y es del siglo XVIII. Fue donada por el Coronel don Felipe Massieu y Vandale junto a la talla de “San Antonio de Padua” del mismo escultor. Aquí el dragón negro de cresta membranosa y de redondos ojos rojos al que el pie del santo aplasta contra el suelo, es muy pequeño y da, hasta cierto punto, algo de lástima. Aquí se trataba de ensalzar la figura del Arcángel, dejando a la diminuta bestia en un segundo plano. No existe una acción recíproca entre ambos, por lo que, más que una lucha entablada entre los dos personajes, se trata “de un Miguel, ya triunfante sobre la sinuosa y ondulada forma dragonada”.
Una pequeña escultura barroca es la que se conserva en el despacho parroquial de San José de Breña Baja, primitivamente en la antigua casona de la familia Fierro en Las Salinas del mismo municipio. Una preciosa talla policromada de Benito Hita y Castillo de 63 cms. de análoga catalogación que la anterior. San Miguel – exultante de victoria- aparece sujetando al Maligno – doblegado a sus pies- con una cadena, mientras que con la mano derecha empuña la espada en actitud amenazante. Tiene figura humana con algunos rasgos de animal. Por ejemplo: orejas puntiagudas, cuernos prominentes, ojos esféricos sobresalientes, boca abierta y retorcida de la que salen unos dientes afilados, “confieren a esta cabeza una fuerza brutal y expresiva”.
El Demonio de nuestra siguiente escultura tiene forma humana y está casi boca abajo. Curiosa representación para una escultura anónima de pequeño formato, casi 35 cms., cuya ubicación primitiva era el oratorio particular de “un catalán llamado Ferrer” de la capital palmera. Hoy es propiedad de una familia de la misma ciudad, la del fallecido don Argelio Pérez Algarrada. Una imagen que presenta un sabor que ya parece anunciar el Rococó. Es posible que llevara originalmente una cadena con la que ataba al Demonio – al que le falta la mano derecha-, a quien intenta agredir con la espada de la otra mano. Miguel flexiona la pierna derecha y la apoya sobre el cuerpo negruzco de Belzebú.
Otro óleo sobre lienzo, éste de enormes proporciones (350 x 210 cms aprox.) es el que podemos admirar en la nave del Evangelio de El Salvador. Fue atribuida a Ubaldo Bordanova por el historiador Fernández García. Aquí, el Diablo tiene proporciones idénticas al Arcángel. Éste parece danzar sobre el cuerpo retorcido del “Ángel Caído”. El Maligno se representa con forma humana y extremidades acabadas en forma de enormes y afiladas garras de animal. Lleva también gigantescas alas membranosas. Según se cuenta, un borracho o deficiente mental acuchilló la tela justo en la zona donde estaba pintado Lucifer. Tras la faena, gritaba orgulloso por la calle que “¡había matado al Diablo!”. Está aun pendiente su restauración.
Existe un relieve en piedra esculpido en el siglo XX en uno de los pórticos de entrada en el actual Instituto de la Plaza de Santo Domingo, de Santa Cruz. Cerca de donde se ubicó la primera ermita de San Miguel de Las Victorias y el mural del “Cristo de La Portería”. Aquí el “Adversario de Dios” aparece aplastado bajo los pies del Santo en forma de terrible dragón alargado con fauces abiertas y con largos dientes afilados.
Afortunadamente, el 29 de septiembre de 2007 –su onomástica- ha tenido lugar una procesión especial en la Parroquia Matriz de El Salvador. El joven y apuesto San Miguel y el feroz Diablo, de terrible aspecto, desfilaron procesionalmente después de muchos años por el centro neurálgico de Santa Cruz de La Palma. Un emotivo acto durante el cual se bendijo una figura de mármol blanco del Arcángel luchando con Satanás en el segundo cuerpo de la torre del templo. Con la procesión de la talla de “San Miguel del Coro” –como es conocido por haberse custodiado en él estos últimos años, ahora venerado sobre un pedestal al lado del retablo de la Milagrosa en la nave del Evangelio- se ha recuperado una bella y antigua tradición en la capital de su Isla, en la Isla de San Miguel de La Palma.
“...Señor Nuestro Jesucristo, Rey de la Gloria, libra las almas de todos los fieles difuntos de las penas del infierno, líbralas de aquel lago profundo, sácalas de la boca del león, no las devore el abismo, sino que el Príncipe San Miguel las conduzca a la Luz santa...” (Ofertorio de la Misa de Difuntos)
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