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Mañana, 6 de octubre la Virgen de Guadalupe saldrá en barca desde su ermita en Puntallana para llegar a San Sebastián de La Gomera, aunque será el día 7 cuando se celebren los actos más importantes de estas fiestas lustrales que acogerán a unas 40.000 personas. Por/José Guillermo Rodríguez Escudero
BAJADA DE LA «SEÑORA»Cada cinco años, en octubre, como decíamos, tiene lugar la Bajada de la Virgen a la Villa de San Sebastián. Al contrario que sucede en las otras Bajadas de Canarias, ésta es la única que se realiza siempre por mar. La adornada nave principal, donde va ubicado el trono de la Virgencita Marinera, es custodiada por numerosas embarcaciones también engalanadas. Esto sucede –según el programa oficial- “a partir de las cuatro de la tarde del lunes siguiente al primer domingo de octubre”. Nada más tocar el muelle, la ansiosa población espera a ritmo de tambores y chácaras el desembarque de las andas de baldaquino que portan a hombros los orgullosos romeros. Una vez en la rada de San Sebastián, los marinos desembarcan a hombros la imagen. Es un honor para aquellos afortunados que consiguen trasladarla desde el barco engalanado hasta la orilla de la playa, momento en el que el estruendo de voladores y aplausos se unen a los sones de dichos instrumentos musicales. Organizada la procesión, comienza el baile hasta que el cortejo solemne hace su llegada a las Casas Consistoriales, donde se produce la recepción oficial de la Patrona de los Gomeros. El regidor municipal le entrega su bastón de mando a la Alcaldesa Honoraria y Perpetua de la Villa. Luego, la multitudinaria procesión continúa hasta la Parroquia Matriz de la Asunción, donde la Reina del Silbo es entronizada efímeramente para recibir la veneración de su emocionado Pueblo. Una vez la red viaria lo permitió, a partir de 1968 empezó a tener lugar la visita de la sagrada imagen a todos los pueblos y municipios de La Gomera, al igual que ocurre cada cuatro años, en la Bajada de la Virgen de los Reyes de la vecina isla de El Hierro. En cada uno de sus altares permanece aproximadamente una semana. Estos actos religiosos se compaginan con otros muchos populares. Se desarrollan desde encuentros folklóricos, verbenas, muestras de artesanía, conciertos, hermanamientos entre pueblos, etc. Durante el fatigoso recorrido ascendente y descendente por todos los profundos barrancos que configuran esta bella isla, se producen numerosas muestras de devoción y fervor por los gomeros que no pierden la oportunidad de proferir vivas, hacer plegarias, lanzar piropos, cumplir promesas, recitar coplas… todo ello mezclado con los cantos de los romances y el baile y son del tajaraste. Por cierto, el Gobernador de Armas de La Gomera, Juan de Castro, en su manuscrito de 1856 ya aludía al tajaraste o baile del tambor en el que se refería a los instrumentos musicales utilizados entonces: chácaras, flauta y tambor.
El retorno de la Virgen coincide con su onomástica, el 12 de diciembre, Día de Guadalupe. De la misma manera, esto lo que ocurre cada lustro el día 5 de agosto, Día de la Patrona de La Palma, Nuestra Señora de Las Nieves, jornada fijada para su Subida al Real Santuario Insular.
Sin duda, el viaje de Colón hacia América es considerado como uno de los periplos más importantes realizados jamás, y fue precisamente desde aquí, desde La Isla Colombina de La Gomera, desde donde el marino genovés soltó amarras rumbo a lo desconocido. Resulta cuanto menos curioso, si no providencial, que el Almirante orase ante la Virgen de Guadalupe extremeña antes de iniciar su singladura, encontrándola después en su primera escala en las Islas Canarias; así como que sea ésta y no otra la advocación principal de la América hispana.
La diminuta, añorada y venerada talla aguardará otros cinco años en su pequeña capilla de Puntallana, donde será visitada por los fieles durante todo el año, en especial en los meses de octubre, hasta que se complete otro ciclo lustral y vuelva a repetirse una nueva Bajada, brindándoles la magnífica oportunidad del reencuentro de amigos y familiares llegados de cualquier parte del planeta que vienen a rendir pleitesía a la pequeña Gran Señora de La Gomera.
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