José María García Maury Verdugo
Ex-Esclavo Mayor de la P.R.y V Esclavitud del Stmo.Cristo de La Laguna
Estimado Fidel: me permito el honor de dirigirle estas líneas, ante todo, con el profundo respeto que me inspira una persona que, como usted, se muestra tan decididamente defensora de “lo nuestro”. Sigo, desde hace algún tiempo, con sumo interés todos y cada unos de sus artículos de opinión vertidos en este periódico y he de reconocer que tanta dedicación merece, si usted me lo permite, unas breves reflexiones.
Es público y notorio su amplio discurso acerca de los dimes y diretes de la P.R. y V. Esclavitud del Stmo. Cristo de La Laguna, sus tradiciones y costumbres, la vida diaria de la susodicha Institución y, en especial, de sus gentes. De la misma manera aparecen, cual actores principales en una representación, el Clero, la Junta de Hermandades y los Artilleros. Siendo como son, en definitiva, parte activa de nuestra cultura y de nuestras raíces, es de agradecer el protagonismo que les presta.
Llegados a este punto, estoy seguro que no se le escapará a usted la responsabilidad que lleva consigo el hecho de analizar públicamente, cual conocedor experto, los temas que nos ocupan, y hacer afirmaciones al respecto, si no es con todo el rigor exigible a un crítico responsable y el más exquisito respeto hacia la cuestión tratada.
Como no dudo que una persona de su edad y experiencia tiene bien presentes todos estos principios cada vez que desliza su pluma sobre el papel, me causa gran extrañeza el encontrar en sus escritos grandes lagunas que realmente, y en mi modesta opinión, le hacen flaco favor a ese principio que usted mismo reclama en uno de sus textos y que cito literalmente: “… Pediríamos más rigor y evitar que se maquillen los términos, siempre la verdad, pues la verdad hace al hombre libre…”
Dicho esto, le invitaría a conocer más de cerca, en el trato directo con esos protagonistas que usted cita, a menudo con tanta ligereza, que tienen, como usted, el indudable interés de crecer y mejorar día a día, y que sin duda están dispuestos a compartirlas, tantas y tantas vivencias que, al conocerlas, el cuadro que usted pinta tomaría un tono mucho más humano y mucho más real. Sería, en otras palabras, defender lo más profundo de nuestras raíces haciéndole justo honor, bien desde la crítica constructiva como desde la alabanza merecida. Le invito encarecidamente porque estoy seguro que disfrutaría mucho de todo lo que va a conocer y, entonces sí, su punto de vista se haría respetar como merece.
Con todo el afecto que, como persona y ser que navega hacia la perfección, le debo, me pongo a su disposición para conseguir que la Verdad sea la que es, no la que queremos ver sin, quizás, saber por qué…
Un saludo afectuoso.