Por/José Guillermo Rodríguez Escudero
FORTALEZAS HISTÓRICAS DE LA PALMAEntre las diversas fortificaciones que defendieron el litoral de La Palma, podemos enumerar las siguientes: en la capital, el Castillo de Santa Catalina (principal); el Castillo de la Santa Cruz del Barrio, en la plaza de San Fernando; el Fuerte de los Guinchos o San Carlos, en la Punta de los Guinchos; la Torre de San Miguel del Puerto, en el muelle; el Reducto de Juan Grage y el Castillo de San Miguel en Tazacorte. La Torre de San Miguel de la capital fue una de las primeras fortalezas, la primera según Juan Bautista Lorenzo Rodríguez, cronista y alcalde, y una de las más remotas construcciones militares de Canarias. Ya estaba levantada el 13 de junio de 1515. Actualmente todas prácticamente desaparecidas, excepto la que nos ocupa, la fortaleza de la Gloriosa Mártir Santa Catalina de Alejandría. El Emperador Carlos I de España había autorizado al Cabildo de la Isla, mediante Real Cédula del 15 de marzo de 1528, a que iniciara las gestiones entre los vecinos para la repartición de las cantidades necesarias para los gastos de fortificación. Para buscar los orígenes de la idea, hay que remontarse a la reunión convocada por el gobernador Juan López de Cepeda, el Magnífico, en la iglesia de El Salvador. Para este hábil caballero, la mayor preocupación se centraba en aquellos instantes en la infraestructura defensiva. Eran tiempos de escasez de artillería, munición y armas, fruto de una incomprensible política de desidia que mostraba la Corona ante las constantes solicitudes y pedidos. Finalmente se presupuesta la obra en 6.200 ducados a pagar por los ciudadanos.
El 26 de mayo de 1554, se iniciaría la fabricación del “Castillete”, como es conocido por los palmeros. También nos informan de ello Castellano, Macías y Suárez (Premio de Investigación Histórica «Juan B. Lorenzo», dado en Santa Cruz de La Palma en 1990), de cómo el Cabildo había acordado su construcción así como la derrama de 6.000 ducados entre los vecinos.
Santa Cruz de La Palma se sitúa en la cara este de la Isla y, aunque es un punto estratégico para el comercio, necesitaba una infraestructura arquitectónica que la amparara y defendiera de los ataques por mar. La ciudad fue saqueada en multitud de ocasiones y se produjeron grandes incendios que arrasaron importantes y bellos edificios y templos: el Cabildo y su archivo, el Hospital, etc. Este fue el motivo por lo que se llevaron a cabo varias fortificaciones, como la de Santa Catalina. Su construcción, como veremos, se ejecutó en varias etapas. El castillo fue diana de muchos contratiempos y en 1665 corre el Barranco de Las Nieves y se lleva la fortificación, por lo que cambia su ubicación por la actual. Pero la acción del mar lo deja inservible y se pone en venta; actualmente es de varios propietarios privados. En él estuvo preso Anselmo Pérez de Brito, abogado que llevo el pleito de los regidores perpetuos. Su planta es cuadrada y en su portada presenta un arco rebajado en el que figuran las armas reales. Por decreto, fue declarado Monumento Histórico Artístico el 22 de junio de 1951. La protección del magnífico Monumento viene amparada por la Declaración Genérica del Decreto de 22 de abril de 1949 y la Ley 19/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.
Existían otras baterías en la isla, como la de San Jacques (1559), en el Barranco de Maldonado; la de San Antonio, inmediata al Astillero; Nuestra Sra. del Carmen (1573), en el mismo Barranco; San Pedro o Los Clérigos, en la Calle de la Marina, cerca del Barranco de Los Dolores; en Puerto Naos, donde dicen La Altura; Santa María de Saboya o La Alameda (1559), en la Calle de La Marina, cerca de la Torre de San Miguel; la batería de San Felipe, también llamada de Méndez (1657); el polvorín de la cuesta de Calcinas (1681); y el Reducto de Bajamar o Paso de Barreto, portada sobre el risco inmediato al camino que conduce a los pueblos del Sur. Como auxiliares de la defensa se usaron las atalayas del Risco de la Concepción y la montaña de Tenagua, en ambos extremos de la ciudad.
El cónsul británico Francis Coleman Mac-Gregor, amigo de grandes científicos y viajeros- como Berthelot, con quienes compartió recorridos y experiencias en las Canarias del primer tercio del s. XIX-, escribió algunas de las frases más precisas e interesantes que se han escrito sobre la capital palmera. Entre otras cosas, mencionó las baterías que como defensa complementaria a los Castillos de Santa Catalina y San Miguel o del Puerto, ofrecían “a la razón un estado ruinoso”.
Para cubrir la defensa del extenso literal palmero, se comienza en mayo de 1554 la fortaleza en el norte de la ciudad, en el Barrio de Santa Catalina de donde recibe su nombre. Desde ese mismo año de su construcción se entiende como la “fuerça prinçipal” y el sitio donde está ubicada se considera de importantísimo valor estratégico. Desde allí se defiende el mar – impidiendo a los barcos que llegaran hasta el puerto y a los botes que desembarcasen-, como la tierra – la elección del lugar tiene mucho que ver con la entrada de los piratas franceses el año anterior-. Esta nueva fortaleza cumple un papel clave como defensa del norte de Santa Cruz y “parachoques de pretendidos ataques al puerto”.
Un informe enviado al Rey en mayo de 1583, cuantifica la fuerza defensiva de La Palma en los siguientes efectivos: “1300 personas para la guerra; 345 arcabuces; 650 picas, lanzas y dardos; 61 ballestas; 27 alabardas de malla; 207 rodelas; 1023 espadas y 14 caballos”
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