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CASTILLO REAL DE SANTA CATALINA DE ALEJANDRÍA SANTA CRUZ DE LA PALMA (II) Imprimir E-Mail
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domingo, 02 de noviembre de 2008
 
Por/José Guillermo Rodríguez Escudero


 
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ATAQUES PIRÁTICOS

En julio de 1553, el feroz pirata francés Françoise Le Clerc, apodado Pie de Palo, saqueó e incendió la preciosa ciudad palmera. Un año después, comenzaba la construcción del Castillo Real de Santa Catalina, cercano al punto donde se había producido el desembarco de los hugonotes galos. Las obras defensivas continuaron hasta crear un verdadero cinturón de reductos, murallas y baterías, nombradas anteriormente, a fin de proteger a la ciudad de los peligros provenientes del mar.

El Príncipe, futuro Rey Felipe II, mediante Real Cédula, expedida en Valladolid el 8 de abril de 1554 - conservada en el libro de Reales Cédulas de aquel municipio-, concedió la licencia y la facultad para repartir entre los vecinos nuevamente unos 3.000 ducados. La Real disposición expresaba que “la ciudad había quedado desmantelada después del saqueo y quema por los piratas franceses”. Nos informa también Darias Padrón de que el jefe militar de aquellos momentos era Juan de Monteverde y “queyere hazer a su costa una de las dhas fuerzas, ques una del puerto desa ysla ques en la Caldereta”.

Las fortalezas repelieron eficazmente al célebre corsario inglés Francis Drake cuando sus barcos sitiaron a la capital en 1585. Afortunadamente, la artillería de los castillos hundió la nave capitana de la armada inglesa, el Bonaventure. Se considera como el tercer ataque sufrido por la isla. Así, hacia las tres de la tarde, desapareció la flota enemiga en dirección sur de la vista de la ciudad, “fuyendo por el mucho daño que se les hizo”. De este modo, escribe el profesor Rumeu de Armas, “finalizó el primer ataque inglés a las Canarias, en el que Santa Cruz de La Palma tuvo el alto honor de derrotar al más grande de los piratas ingleses, destrozándole su navío almirante y causándole daños y bajas en las embarcaciones y tripulantes”.
 
En septiembre de aquel año, las noticias del regreso de Drake de sus razzias en las Indias de Su Majestad preocupan nuevamente al Cabildo que teme un nuevo ataque. El alguacil y alcaide Sebastián Vallejo y el condestable de la artillería, Matías Cardoso, solicitan urgentemente el envío de pólvora de Gran Canaria y de Tenerife. Se reparte media libra a los arcabuceros de la existente en la fortaleza de Santa Catalina. Se cuenta con 500 esclavos negros y mulatos que hay en la Isla. También se ordena la reconstrucción de la deteriorada casa de la pólvora de dicho castillo aprovechando madera de la máquina del muelle, etc.

ARQUITECTURA ORIGINAL

Esta primitiva fortaleza presentaba una planta casi elíptica “en cuyo centro se alzaba un cubelo cubierto con tejado de pizarra. Sus muros exteriores eran de sillería con recios contrafuertes y se hallaba en su totalidad terraplenada y cubierta de losetas para formar la plaza de armas”. Fernando Gabriel señala que la fortaleza “consistía en un torreón o cubelo que, en el mes de agosto, ya llega hasta las troneras. La rapidez de los trabajos prevé su terminación en menos de un mes, gracias a la cantidad de operarios que intervienen”.

En el Cabildo celebrado el 2 de marzo de 1554 se había acordado a darle al terraplén un largo de 200 pies a su alrededor en forma de media luna, y que desde el cubelo hacia el mar se elevase 35 pies como se tenía acordado, cuya obra se terminó, como dice la profesora Doña Carmen Fraga, en 1560, siendo Teniente Gobernador de la Isla el Lcdo. Don Antonio de Troya Sañudo.

 Los investigadores canarios Castellano, Macías y Suárez en su obra sobre las fortificaciones palmeras, también nos informan de que había una escalera exterior separada del castillo mediante un puente levadizo, por la que se permitía el acceso al fuerte. “Ésta tenía un pretil hacia la parte del mar y una alta muralla almenada hacia el frente de tierra”. Así mismo, Rumeu nos describía este antiguo castillo, “el cubelo central, todo él de sillería, con troneras, tenía dos pisos, y servía de alojamiento al alcalde y a los soldados de la guarnición”. La plataforma con la torre circular fue  abatida más tarde por el mar.

Estaba construida la fortaleza en gran parte de cantería labrado con elegante puerta de entrada del mismo material sobre la que colocó el escudo de España tallado en piedra de color gris.

Don Juan de Monteverde, Capitán General “que fue desta Ysla y su Castellano de ella, y Alcaide de las demas fortalezas” gastó en el Castillo de Santa Catalina 18.000 doblas con acuerdo del Cabildo, como resultado del celebrado el 20 de octubre de 1561. Sin embargo, Lorenzo Rodríguez, cronista y alcalde, en sus Noticias sobre la Historia de La Palma, aclara que, “pasó el tiempo y habiendo empobrecido y enfermado, no llegó á entregar la suma ofrecida á pesar de habersele ejecutado”.

Buena prueba de la importancia que se le daba a esta estructura defensiva, fue el acto de su bendición tras su finalización. Una multitudinaria procesión salió de la Parroquia Matriz de El Salvador el 4 de octubre de 1560, asistiendo todas las comunidades religiosas de la capital. Esta solemne ceremonia aunó lo militar y lo religioso en la exaltación de una defensa bendecida. En aquellos momentos de gran preocupación por la seguridad, se cerraban con llave las dos portadas que daban acceso a Santa Cruz al toque de queda, aislando así a la capital palmera de entradas y salidas nocturnas. Según el Acta del Cabildo de 18 de agosto de 1559, se acuerda tañir la campana de queda entre las nueve y diez de la noche en invierno y una hora más tarde durante el verano.
 
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