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CASTILLO REAL DE SANTA CATALINA DE ALEJANDRÍA SANTA CRUZ DE LA PALMA (III) Imprimir E-Mail
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martes, 04 de noviembre de 2008
 
Por/José Guillermo Rodríguez Escudero


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AVENIDAS

Debido a un terrible aluvión del Barranco de Las Nieves en 1665, el castillo fue declarado en estado ruinoso. Al año siguiente, el Conde de Puertollano, Comandante General de Canarias, acompañado del ingeniero militar D. Lope de Mendoza, visitó el fuerte. Dejó instrucciones para la urgente restauración. El 5 de junio de 1666, el teniente de Corregidor Lcdo. Francisco García propuso la misma ante el Cabildo. Esta corporación pasaba momentos de grave precariedad, por lo que no contaba con los medios económicos necesarios para acometer las obras. Los vecinos apoyaron al Cabildo con una derrama. El coste total ascendió a 16.107 reales y medio. Como apunta el profesor Rumeu, debido a un nuevo temporal de mar y viento, el 14 de enero de 1671, tuvieron que efectuarse nuevas obras. La ruina del castillo era un tema que preocupaba a la vecindad y a su Cabildo. En la reunión de éste, del 9 de julio de 1674, se decía “que se había derrumbado un trozo de plataforma y derribado dos piezas de artillería... y debía retirarse su emplazamiento más adentro...”
 
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RECONSTRUCCIÓN


El Cabildo no contaba con los medios suficientes para acometer una obra de tal calibre, por lo que pidió ayuda al pueblo. Constituida la comisión  nombrada para gestionar la suscripción popular- en la que se encontraba el Rector de la Parroquia de El Salvador, D. Gabriel Van de Walle -, ésta dio cuenta al Capitán General Don Juan de Balboa Mogrobejo para que informara a Su Majestad.
 
La violencia del mar seguía poniendo en peligro la consistencia de la fortaleza y las constantes embestidas de las temibles olas arrastraban materiales y destruía las obras que allí se acometían, “y se suele llebar el palo de la bandera y garita de donde se bejía el mar…”. Por lo tanto, el Gobernador de las Armas y el Ayuntamiento finalmente decidieron que se hacía necesaria su reconstrucción en un lugar más alejado de la línea de costa.

En las instrucciones que el Cabildo dio al Lcdo. Blas Simon de Silva, Regidor, Consultor del Santo Oficio de la Inquisición y su Procurador General, acerca de lo que tenía que reclamar en la Corte de S. M. en Madrid en 1649, extraemos lo siguiente: “Y es de considerar y advertir que las fuerzas que tiene esta isla se hicieron á costa de sus vecinos y las han sustentado y sustentan de artilleros, pólvora, balas y municiones y de otros pertrechos y reparos sin que S.M. haya lastado ni laste cosa alguna de su Real Hacienda, y estan siempre prevenidos de armas y municiones para ellas, y velando ordinariamente de dia y de noche y atrincherandose como quien está en frontera para defenderse, como hasta aquí lo han hecho y haran procediendo siempre en  S.M como basallos de los mas fieles y leales de sus reinos. Empero, hallándose hoy con suma miseria y cortedad que ya no pueden sustentar y procuran salir á otras partes á vuscar la vida…”

En 1676 visitó la Isla del Capitán de la Guerra y Corregidor, Don Juan de Laredo y Pereda, ante el cual se hizo oficialmente la petición de la nueva ubicación del fuerte. Todavía en 1681 seguía en ruinas “y en estado de no poderse disparar una pieza en él”, y la torre deshecha, la muralla del mar desmoronada y la plataforma sin losas ni terraplén. Un desastre. Por ello se solicitó la urgente mediación de la Corona.

El ingeniero militar Don Miguel Tiburcio Rossell de Lugo y el sargento mayor Don Juan Franco de Medina  levantaron los planos para la anhelada construcción. Se recogió del vecindario la cantidad de 30.000 reales de plata. Como no cubría los gastos, se acudió a tomar “remanentes de trigo de los pósitos de las Islas”.

A propuesta de Don Nicolás de Sotomayor Topete, se acordó también suplicar a Su Majestad se sirviese conceder al Cabildo una serie de arbitrios, recogidos en el Acta de 25 de abril de 1681, como “el de la imposición de vino que se vende acuartillado… el arbitrio del 1 por 100 de las mercaderias que entran… dar a tributo los pedazos de tierra del Mocanal… se den de su Real Hacienda para ayuda de costa de 14.000 ducados por no ser bastante para la reedificación de dichos Castillos en el breve tiempo que pide la necesidad de la defenza de esta isla…”

En enero de 1682, finalmente El Gobernador y “Capitán General de mar y tierra de estas islas de Canaria, Caballero de la Orden de Alcántara, Patrono del Colegio mayor de San Ildefonso, Universidad de Alcalá, General de la artillería, del Consejo de Guerra de S. M., etc…” Don Felix Nieto de Silva, confirma “que el Castillo pral. de Sta. Catalina de la isla de La Palma está de todo punto arruinado por las continuas invasiones de mar y conviene a servicio de S.M. y defensa de dicha isla el dar principio con toda brevedad á la nueva fábrica y reedificación de dicho castillo…”
 
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