Por/José Guillermo Rodríguez Escudero
LOS CASTELLANOS
Entre muchos otros, han desempeñado el cargo de castellano los siguientes caballeros: Los primeros, Don Juan de Monteverde (de 1555 hasta 1566) y el regidor D. Miguel Lomelin (a partir de 1567 durante varios años); Don Juan Fernández Sodre (desde 1606 hasta 1614; aquí fue nombrado Don Francisco de Valcárcel por estar aquél “viejo y enfermo”); el Capitán Don Nicolás Van-de-Walle de Aguiar (1646); el Capitán D. Diego de Guisla Van de Walle (1652); D. Luis Van de Walle de Cervellón (1736); Don Dionisio O´Daly (1775); éste renunció al poco y fue nombrado Don Domingo Van de Walle Cervellón; en 1777 tomó posesión Don Francisco de Lugo y Viñas, último elegido por el Cabildo de La Palma. En las celebraciones para conmemorar la proclamación de Felipe V como Rey de España, como en las de otros monarcas, el Cabildo vestido de gala llegaba al Castillo “onde llamaron y salió el Castellano con su espada desnuda y rodela sobre una muralla, y preguntó el Alférez mayor por quién tenía aquel Castillo y respondió el Castellano que por Don Carlos II su Sr. Y volviole a decir el Alférez mayor que de allí adelante lo tuviera por Don Felipe V nuestro Rey y Señor y con un viva repetido se disparó toda la artillería y pasaron hacia las monjas claras”. ASESINATO
Muchos ríos de tinta han corrido acerca de los acontecimientos vividos en las medianías y en el interior del castillo. Como muestra, he recogido uno de tantos ejemplos, éste, perpetuado por el alcalde Lorenzo Rodríguez, copiado del diario de noticias que llevaba Don Diego González Hurtado: “El día 26 de noviembre de 1700, a las ocho de la noche, mató Domingo el Carnicero con un cuchillo a Lucas Marques, herrero, soldado del Castillo principal de esta ciudad; y como iba borracho lo cogió la Justicia y prendió y se está fulminando la causa. Matólo en aquel llano onde es hoy Ermita de Santa Catalina, al principio de aquel callejón que va al Castillo, y murió al otro día. Fue el primero que se enterró en la capilla que hicieron los soldados en San Francisco junto al Monte Alverno. El mulato huyó sin castigo”
LOS DOCE DE SU MAJESTAD
Para custodiar la cárcel de esta ciudad así como las fortalezas de la misma, había 12 soldados movilizados que se les designaba con el nombre de “soldados de los 12 de S. M.” Estos, que residían en el Castillo de Santa Catalina, fabricaron en el claustro del “Real Convento y Grande de la Inmaculada Concepción” , una capillita y sepulcro para ser enterrados, y para su régimen y gobierno, hicieron unas constituciones de la forma en que habían de celebrarse los entierros y la contribución o cuota que cada uno de ellos había de pagar. Estas constituciones fueron elevadas a documento público ante el escribano Andrés de Huerta, el 18 de noviembre de 1697. No sólo fueron enterrados en dicha capilla los soldados fundadores, sino los que les sucedieron.
Una causa célebre que tuvo que ver con uno de estos soldados del Castillo fue ésta: en la madrugada del 6 de septiembre de 1794, se encontró el cadáver de Rita Hernández, soltera de 23 años, en el Barranco de Maldonado. Las heridas que presentaba el cuerpo eran producidas por un objeto cortante, similar a las que producen las bayonetas, no por haberse despeñado. Por este motivo se trasladó al Castillo algunos miembros de la Justicia ordinaria para hacer el oportuno reconocimiento a las armas. Allí se descubrió cómo el novio de la difunta, Joaquín de Paz, poseía una bayoneta untada en sangre. El soldado confesó su culpabilidad, fruto de “una pasión de celos”. Desde el primer instante, arrepentido, rogó que fuera ejecutado inmediatamente para pagar con su vida aquel asesinato. Sin embargo la causa contra él duró más de tres años. Finalmente el Rey Carlos IV firma la condena a muerte en Aranjuez el 4 de marzo de 1799. En el Castillo Real, donde se hallaba el preso, se hizo una capilla y el 15 de mayo de 1799 entró en ella el reo, acompañado por los Hermanos de la Misericordia y auxiliado por todas las Comunidades Religiosas y el clero. Con toda ostentación, se inició la procesión con el Sagrado Viático desde El Salvador hasta el Castillo, y el día siguiente, en la cercana Plaza de San Fernando, fue “arcabuceado” (fusilado). LA IMAGEN Y LA ERMITA DE SANTA CATALINA DE ALEJANDRÍA
Desde principios del siglo XVI existía en esta ciudad una ermita bajo la advocación de esta Santa Mártir egipcia de Alejandría, edificada cercana al barranco y al Castillo Principal, a los que diera nombre. Este castillo, declarado Monumento Histórico Nacional, es el único ejemplar de fortaleza militar de la época de los Austrias que existen en Canarias. La construcción de la ermita fue antes de la visita que el Obispo don Diego Deza hizo en julio de 1558.
La magnífica escultura flamenca de la “Gloriosa Santa Catalina de Alejandría”, de 105 cms. de alto, fue rescatada por los vecinos de la avenida de diciembre de 1689. Actualmente es venerada en la bella ermita de San Sebastián de la capital palmera, lamentablemente cerrada al culto, excepto en enero, durante las fiestas del Santo mártir. La efigie de la Santa parece ser obra anónima del mismo taller antuerpiense del que salió la fabulosa imagen de Nuestra Señora de La Encarnación. Está entronizada en su retablo barroco original, que también pudo salvarse. Como nos informa el profesor palmero Jesús Pérez Morera, “y como ésta, quizá fue enviada a La Palma por alguno de los factores que actuaban al servicio de Jácome de Monteverde en el puerto de Amberes”.
Este investigador nos explica cómo la advocación a esta Santa, Patrona de los Filósofos, aparece vinculada a los ingenios de azúcar, que tanta riqueza y prosperidad darían a La Palma en el pasado. Las primeras representaciones de esta advocación son de origen flamenco. Según la Leyenda Dorada, el Emperador Majencio inventó un instrumento de tortura para martirizarla “que, como la rueda que molía la caña en los ingenios, consistía en cuatro ruedas provistas de puntas de hierro a las que la mandó atar”. Fue finalmente decapitada, por ello, como atributo personal, sostiene en su mano derecha una espada, mientras que en la otra un libro, símbolo de su sabiduría e iconografía de su patronazgo sobre los filósofos. Es patrona también de las jóvenes casaderas, de los universitarios, carreteros, molineros, alfareros, afiladores, hilanderas, barberos, nodrizas (porque de su cabeza cortada no brotó sangre sino leche), etc.
La Santa de Alejandría celebra su onomástica el 25 de noviembre y ha sido desde siempre considerada una de los catorce santos de más poderosa intersección en el Cielo. En la Tierra posiblemente también: tan sólo basta admirar la admirable fortaleza construida por el hombre para glorificar su nombre.
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