Por/José Guillermo Rodríguez Escudero
Todos se unen a la celebración. Los palmeros pobres y ricos se dan cita al ocultarse el sol tras los empinados montes, para celebrar la fiesta de Baco, no con pan ázimo ni coronando su frente con los pámpanos de las vides, a usanza de los antiguos griegos, sino escanciando varias copas de lo blanco y de lo tinto en la intimidad de las familias. La gracia, la donosura y la agudeza de ingenio se derrochan en esas veladas, que recuerdan los regocijos de las bacanales helénicas…
Al festín se suma el pescado salado, el cochino a la brasa de carbón vegetal, las castañas, las hogueras, el sonido de los bucios mientras se cantan las populares coplas anónimas: Saran Martín/tirin tintín/fuego a la castaña/y mano al barril… Todos los palmeros, desde pequeñitos, cantábamos estas estrofas mientras rodeábamos corriendo las diversas hogueras que se nos antojaban gigantescas. Varios días antes los vecinos habían trasladado desde sus casas los muebles y trastos viejos para hacer la pira. Muchos de nosotros hacíamos bailar las latas llenas de teas encendidas en torno al fuego. Cuando ya las brasas hacían su aparición, era cuando saltábamos sobre ellas, demostrando a nuestros aterrados progenitores cómo habíamos crecido… ya éramos unos hombrecitos orgullosos y contentos por la proeza… aunque con la consiguiente regañina de nuestros padres porque nos recordaban que íbamos a orinarnos en la cama por jugar con fuego. Y así era en la mayoría de las ocasiones.
Gentiles señoritas de oído detestable, que no poseen ni un átomo de voz, y que por lo mismo jamás cantan en público ni en privado, en la noche de San Martín, inspiradas por los vapores del tintillo, gritan hasta enronquecer isas y rondeñas, contrastando notablemente con las armoniosas voces de otras jóvenes, que con los gorjeos arrulladores de su privilegiada garganta deleitan al auditorio…
En Villa de Mazo, por ejemplo, al ser una tierra muy vinculada al cultivo de la vid, esta festividad adquiere un significado especial. Se ha rescatado afortunadamente la celebración después de haber sufrido una decadencia. Una hija del pueblo, doña Pancha “Rastera”, lo nombraba en sus ingeniosos versos:
Ya no se matan cochinos
El día de San Martín
Ya no se empina el barril
En casa de los vecinos.
Ni se van probando vinos
Ni un solo bucio tocar;
Ni las canciones cantar
Porque ninguno te invita
Muchos van a La Bajita
A ‘Casa de Goyo’ a cenar.
Es precisamente en este bello municipio palmero donde se ha recuperado esta placentera y relajada fiesta, en la que se bebe, se come, se canta…; en la que los vecinos se relacionan, se liman asperezas, se enamoran o discuten y los forasteros se sienten como en su casa… en las que se sigue tocando el bucio (caracola marina), anunciando los nuevos caldos, el jolgorio, las hogueras, las parrandas, las alegres veladas en pajeros y bodegas dispersas por toda la geografía insular donde se guardan las pipas de vino y se improvisan versos, cánticos, juegos, chistes… una celebración que ha alcanzado cierta identidad en todos los pueblos de San Miguel de La Palma.
En Mazo, concretamente, se organizaban grandes verbenas en la plaza del Ayuntamiento. Así, en el Acta de Plenos de octubre de 1946, por ejemplo, se autorizaba el baile en el llamado Verano de San Martín.
Una época en la que las familias cenaban en la víspera en las bodegas y al día siguiente se solía obsequiar a las amistades con fruta del tiempo y vino. También Viera decía que desde el día en que se abren las bodegas, el mismo cosechero que le negó a su mejor amigo un racimo, le hace regalos de vino por garrafones y barriles…
Existía una gran competencia en guardar la mayor cantidad de mosto que existía entre los viticultores palmeros, lo que les llevaba a encerrar celosamente el fruto de sus parras. El que reciba un racimo de un viticultor palmero, tiene que ser muy íntimo de éste.
Se aprovecha a hacer la matanza del cerdo, definido en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua como “sanmartín”. También es muy frecuente el dicho: A todo cerdo le llega su sanmartín.
En definitiva, los patronos de las cosechas y ganaderías están relacionados con aquellos Santos invocados a favor de la lluvia o contra las tempestades, sequías, pedriscos y plagas del campo. Cada comarca o lugar acostumbra a tener su abogado especial con motivo de venerar allí reliquias o de tener una ermita dedicada , sin embargo, en el caso de San Martín, esto en La Palma no se cumple. El santo invisible del que nada se sabe es tan sólo un pretexto para cumplir con la tradicional fiesta, tan anhelada por el pueblo palmero.
Esta es la fiesta canaria,
La fiesta canaria, la del ventorrillo,
La que huele a carne en adobo
Y a vino tintillo.
Donde se baila y se canta
La isa del campo alegre y valiente
Y entre el sonar de guitarras
Cantando estribillos repite la gente […]
Tras el Santo, un campesino
Paga una promesa con muda plegaria,
Mientras, lejano, un timplillo
Repica y pregona la fiesta canaria.
(Canción popular canaria)