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Canarias es la comunidad en la que menos aumenta el paro en diciembre, un 1,5%, tres puntos por debajo de la media estatal
El año 2008 se cierra con un incremento del desempleo del 45,95% en el Archipiélago, cifra un punto inferior a la registrada en el conjunto de España El número de parados se incrementó en 3.104 personas en Canarias durante el pasado mes de diciembre, cifra que representa un alza del 1,6% respecto al mes anterior. Este aumento está tres puntos porcentuales por debajo de la media nacional en el mismo periodo, que registró un crecimiento del desempleo del 4,67% (139.694 parados más) y coloca al Archipiélago como la comunidad autónoma en la que menos creció el paro. En total, al cierre del año 2008, en Canarias había 202.993 personas en situación de desempleo, según los datos aportados por el Instituto Nacional de Empleo (Inem). En el conjunto de España, el número de parados al final del año se elevó a 3.128.963.
La evolución interanual muestra un aumento del desempleo en Canarias del 45,95% (63.912 personas más), un porcentaje que es un punto inferior al registrado en la media estatal, que registra un incremento del paro del 46,93% (999.416 personas más). Los datos por sectores muestran una evolución desigual y señalan a la Construcción como el sector que peores resultados experimentó a lo largo del año. Concretamente, el desempleo se incrementó en 20.322 personas en la construcción, hasta alcanzar las 40.629, lo que supone un alza del 100%. Este aumento es también inferior a la media nacional, que registró un incremento del 108% en este sector, hasta superar los 590.000 desempleados.
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La Fiesta de San Diego (II) |
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martes, 11 de noviembre de 2008 |
Por/Carlos García Desde la Mesa Mota
San Diegode Alcala Fray Juan de Jesús Fray Juan de Jesús: el siervo de Dios
Si entramos a la pequeña ermita de San Diego, en el Convento de San Diego del Monte, de una sola nave con unos 21 metros de largo y unos 9 metros de ancho, veremos su suelo de mosaicos, techo artesonado, coro alto de madera y dos ventanas en la pared derecha. El presbiterio, con cuatro gradas más altas que el piso de la nave, está separado de la misma por una baranda de madera. El retablo contiene en sus nichos las tres imágenes de talla de la Virgen de los Ángeles entre San Diego y San Francisco. En la pared del presbiterio, a la derecha existe una lápida que dice: “Mandó fundar este convento de recoletos descalzos de San Diego, Juan de Ayala Dávila y Zúñiga, su patrón y fundador, y lo izo aser el maese de campo don Luís de Interián, regidor perpetuo, cumpliendo la voluntad de su testamento, siendo guardián del M.R.P. Definidor Fr. Temudo, año de 1648”.
Encontramos también una lápida en una pared de la ermita que recuerda el paso y la visita del Rey Alfonso XIII cuando la visitó en 1906, con motivo de saludar a una prima hermana que se encontraba residiendo en el convento, como monja de la Asunción, y que además fue saludada por la Infanta que acompañaba al Rey. Esta monja se llamaba Amanda. Desde entonces a la sala donde se entrevistaron se conoce como la Sala del Rey.
En la pared opuesta de la ermita hay otra lápida que indica la sepultura de Fray Juan de Jesús, el frailito lego, figura popular y mística que la ciudad de La Laguna dio en llamar el Siervo de Dios: “Aquí se custodian los despojos de Fray Juan de Jesús, religioso lego de los menores de San Francisco, nacido en Icod en donde fue bautizado en 20 de Diciembre de 1615. Tomó el hábito de la orden Seráfica en el Convento de San Juan Bautista del Puerto de la Cruz, en 22 de Julio de 1.646, pasando poco después a ser profeso de ésta santa casa de San Diego del Monte, en donde vivió hasta su muerte ocurrida en 6 de Febrero de 1.687. Fue religioso de rarísima humildad y pobreza. Con el dulce encanto de su palabra y ejemplo ponía fuego de amor de Dios en los corazones más tibios y con sus fervorosos clamores sobre el juicio, temor saludable en los más obstinados. R.I.P.”.
Hay una fecha debajo en la que se lee: “Aquí yace el siervo de Dios Fray Juan de Jesús. Murió en 6 de Febrero de 1.687.”
En esa lectura está prácticamente resumida la historia de la vida de éste personaje que tanto tuvo que ver con el Convento de San Diego. Fue su figura respetada en la ciudad de los Adelantados, muriendo en olor de santidad conmocionando a toda la isla de Tenerife, acudiendo a su entierro gran número de personas intentando obtener alguna reliquia de su cuerpo o hábito.
Vivió en una humilde chocita que se construyó en medio del bosque que rodea al convento y que fue conocida desde siempre por la “casita del Siervo de Dios “.
Nos ofrece parte de su biografía Fray Andrés de Abreu en una obra publicada en 1791 sobre la vida de este personaje que tantas anécdotas dejó en la ciudad de Aguere.
Nació en la ciudad de Icod de los Vinos en Diciembre de 1615, siendo sus padres Miguel Hernández y Ana Delgado, humildes labradores. Tuvo el oficio de aprendiz de tonelero y pasa algún tiempo en Garachico y posteriormente en La Orotava, donde ya en calidad de oficial de tonelero, aprende a leer y escribir y comienzan sus deseos de ingresar en una orden religiosa.
Regresa de nuevo a Icod y trabaja en el taller de Cristóbal Hernández, gran maestro en el arte de fabricar toneles, tan importante entonces por la producción de vino que se exportaba. En esta época manifiesta su públicamente su fe a Cristo y se le ve deambular por las calles de Icod y por los caminos de la isla, desnudo de medio arriba, cargado de gruesas cadenas y portando a la diestra una gran caña, a guisa de cayado, y en la siniestra una enorme cruz de la que colgaba una calabaza.
Hacía alardes de penitencia asistiendo a las procesiones y al llegar a los templos se arrojaba al suelo para que lo pisotearan los fieles. Sufrió torturas y martirios en su cuerpo, como en una víspera de San Juan en que, arrojado a una hoguera para hacer mofa de él, le costó perder el ojo izquierdo al que un gajo de un árbol de los que alimentaba la hoguera se lo vació.
Tomó el hábito de la orden franciscana en el convento de San Juan Bautista del Puerto de la Cruz, habiendo prepara su ingreso su confesor Fray Mateo Aguilar.
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