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Hoy domingo se han utilizado los homilías de los templos de la ciudad para arremeter contra la libertad de expresión y el derecho de los ciudadanos a opinar sobre lo que crean oportuno. Así, se ha instado al pueblo a que “defiendan al señor obispo porque está siendo presa de una campaña de desprestigio por parte de ciertos personajes laguneros”. Si uno de tales personajes a los que se hace referencia es quien escribe, el director de este periódico, debo decir:
1. No somos el gabinete de prensa que redactó sus manifestaciones sobre la homosexualidad y la pedrastia, que han dado la vuelta al mundo, dejando en mal lugar el nombre de La Laguna y el de Tenerife. 2. No somos los negligentes que quemamos el Obispado.
3. No le llevamos la agenda al Sr. Obispo para decirle a qué bodega debe ir a brindar por el día de San Andrés, ni tan siquiera somos quienes le asesoramos para que acuda a ciertas fiestas y saraos e indicarle de qué color es la etiqueta del “güisquey” que debe tomar.
4. No fuimos nosotros los que vetamos a Ana Mª Oramas, hasta hoy alcaldesa de La Laguna, para que fuese la pregonera de la Semana Santa lagunera. 5. Tampoco somos nosotros los que queremos suprimir tradiciones y acortar la Semana Santa de San Cristóbal de La Laguna. 6. Nosotros no somos quienes priorizamos las obras, dispendiando más de 8 millones de euros, casi todos de fondos públicos, para restaurar su casita, mientras la Catedral sigue en ruinas.
7. Y, por supuesto, tampoco fuimos nosotros los que no permitimos que el Santísimo Cristo de La Laguna vaya escoltado por sus artilleros.
Sí somos nosotros quienes le decimos ¡Márchese! ¡Váyase! a un prelado tan inculto y cobarde que no tiene argumentos para defender sus ordenanzas y que pide a los demás que lo hagan por él, mientras se oculta tras los destellos de su anillo episcopal.
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