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GREGORIO TOLEDO (MAZO, 1906- MADRID, 1980) (I) |
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lunes, 17 de noviembre de 2008 |
Por/José Guillermo Rodríguez Escudero
La visita 1945
“Gregorio Toledo pertenece a ese grupo de artistas admirables que las Islas Canarias han aportado al esplendor estético de nuestro tiempo. Como Néstor ayer, como José Aguiar hoy, Toledo ha traído a la sensibilidad pictórica de hoy un sentido de luminosidad apasionada, de ardor íntimo no exento de melancolía y de éxtasis atlánticos. Pero en él se cumple una inclinación enternecida y de claridades íntimas hacia el goyismo, de donde surge el encanto misterioso de su arte, todo sentimiento y decadencia… “ (José Francés, 1950)
INFANCIA Y ADOLESCENCIAJosé Gregorio Toledo Pérez nació en el precioso municipio palmero de Villa de Mazo el 12 de marzo de 1906. Fue el menor de los cinco hijos de don Isidoro Toledo de la Cruz y doña Maximina Pérez de la Cruz quienes regentaban un pequeño comercio y tenían algunas tierras de labor. En ese campo y en Santa Cruz de La Palma transcurrieron sus años de infancia y adolescencia. Con sus padres, familiares y amigos se aficionó a la poesía, pintura y música. Entre las clases de don José Fernández Pérez (Escuela Nacional) comenzó a dibujar las primeras figuras. En la Escuela de Artes y Oficios de la capital palmera recibió las primeras lecciones de dibujo artístico de manos de don Enrique Castillo. Era tal su vocación artística que tampoco prestaba mucho interés a los estudios del Colegio de Segunda Enseñanza “Santa Catalina”. “… Cuando Gregorio Toledo era niño (y nos figuramos un niño delgadito y pálido), su madre le llevaba de visita a casa de unas tías allá, en Canarias. Pasaban minutos, horas… el niño observaba y se aburría. De aquellas visitas de años infantiles quedó como la imagen de un sueño…” (Antonio Giménez Landi, 1946) JUVENTUD
Sus padres, en vista de la tozudez de Gregorio de seguir pintando, decidieron enviarlo a la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando en Madrid. Corría el año 1924 cuando se afincó en esta ciudad definitivamente hasta su muerte. En la capital de España, con dieciocho años, recibió la adecuada formación que tanto anhelaba.
Era un muchacho tímido, respetuoso, ordenado, silencioso, observador… La tinerfeña doña Lola Martínez lo acogió en su pensión de la Calle Moratín, como a tantos canarios. Con sus primeros amigos recorre Madrid. Unos compañeros de estudios con los que comparte muchas ilusiones y proyectos. Solicita una beca al Cabildo de La Palma y le es concedida. Para obtenerla había enviado una copia del cuadro de Rubens La Sagrada Familia para que su quehacer artístico fuera valorado. También su maestro, el Académico Manuel Benedito, había dicho de la obra que “la ha hallado digna de alabanza por su fiel interpretación, tanto en el dibujo, como en la justeza del color”.
“Gregorio Toledo con esto indica que no quiere llamarse a engaño; que su más tremenda obsesión es buscar en el arte de la Pintura una verdad, porque la verdad absoluta es algo demasiado ambicioso para que pueda encontrarla un hombre solo…” (Manuel Sánchez-Amargo, 1958)
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