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El cartel de la Semana Santa de este año presenta la imagen del Señor cautivo ante Caifás, que se venera en la Parroquia del Barrio de la Candelaria, en La Cuesta. Esta talla religiosa ha sido realizada por el imaginero sevillano Antonio Dubé de Luque.
Antonio Joaquín Dubé de Luque nace en Sevilla el 23 de diciembre de 1943, en la calle Fernández y González, nº 12. Antonio, su padre, aunque profesionalmente fue jefe de contabilidad y caja de las manufacturas de corcho Armstrong, había cursado los estudios de Bellas Artes en la especialidad de pintura, razón por la que intentó encauzar la vocación de su hijo hacia esta rama del arte. Sin embargo, éste, de forma imprevisible, se inclinó por la imaginería.  Antonio Dubé de Luque Dubé de Luque cursó estudios en la Escuela de Artes y Oficios de Sevilla, en la calle Zaragoza y, una vez terminados éstos, en la Escuela Superior de Bellas Artes de Sevilla. Sin embargo el artista se declara autodidacta en el campo de la imaginería. Le interesa especialmente la obra de Juan de Mesa (imaginero barroco nacido en 1583 y fallecido en 1627, autor de obras de gran devoción en la Semana Santa sevillana, como Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, el Santísimo Cristo del Amor, el Santísimo Cristo de la Buena Muerte, etc.), al que considera el gran escultor de las cofradías. Dubé procura que sus imágenes inviten a los fieles a la oración, que sean receptoras y transmisoras de los sentimientos humanos hacia la divinidad; por ello sus esculturas están impregnadas del espíritu barroco, pero morfológicamente intentan aportar siempre algo nuevo. Para Juan Miguel González Gómez y José Roda Peña (autores de Imaginería procesional de la Semana Santa de Sevilla), una característica fundamental de las obras de este artista -unas veces talladas en madera tras ser modeladas en barro, otras talladas directamente-, es que se busca siempre el estudio anatómico del natural. Gusta de representar a Cristo con la dignidad del Dios-Hombre, por lo que el rostro, aunque aquejados de dolor, reflejan un sereno semblante. Evita, por todos los medios, que sean figuras estáticas. Sus Dolorosas oscilan entre representaciones muy dolientes y otras más atemperadas, aunque siempre con matices muy personales. Entre sus rasgos diferenciadores, los mencionados autores apuntan: el hoyito en la barbilla, la boca entreabierta con proyección de la lengua hacia el exterior, la patilla con caracolillo y los ojos pintados sobre la madera (únicamente María Santísima de La Soledad tiene ojos de cristal). Además, Dubé talla en el cuello de sus imágenes la fosa supraclavicular, el arranque de trapecios y los esternocleidomastoideos. La policromía de sus figuras gusta de carnaciones sonrosadas, preferentemente pálidas. Suelen ser óleos patinados con óleos y tierra y luego pigmentos naturales disueltos en alcohol con cera. Y es que el escultor considera que la policromía debe conformar el rostro a base de tonalidades. Dubé de Luque ha realizado para la Semana Santa de Sevilla, además de la remodelación de María Santísima de La Soledad (Soledad de los Servitas), dos efigies: María Santísima de Consolación y Nuestra Señora de la Aurora. En 1986 ejecutó un San Juan Evangelista, sólo par cultos internos de la Hermandad del Nervión. Como restaurador ha intervenido en el Cristo de la Salud, de la Hermandad de San Bernardo; la Virgen de la O; la Virgen de las Angustias, cotitular de los Gitanos; Ntra. Sra. de los Ángeles, de la Cofradía de los Negritos, y la Virgen de la Candelaria. En el caso de ésta última, dulcificó los ángulos del rostro y le añadió cuerpo, candelero y brazos nuevos en madera de cedro. María Santísima de Consolación, Madre de la Iglesia En 1969, un grupo de jóvenes de la parroquia de la Concepción, del barrio de Nervión, fundó con el párroco de ésta, don Manuel Calero Gutiérrez, la Hermandad Sacramental de Congregantes de la Inmaculada Concepción. Ese mismo año, Dubé de Luque talló en madera de pino la Virgen de Consolación por 25.000 ptas. La Corporación, que en origen no se erigió como entidad nazarena, dada su gran devoción eucarística, se fusionó el 28 de octubre de 1972 con la Sacramental de su feligresía. Más tarde, en 1978, la Autoridad Eclesiástica aprobó nuevas Reglas y canónicamente pasó a ser Cofradía de Nazarenos. Así, actualmente se denomina Hermandad Sacramental de Congregantes de la Inmaculada Concepción y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Sed y María Santísima de Consolación, Madre de la Iglesia. Su primera estación penitencial a la Catedral la efectuó, pues, el Miércoles Santo de 1979. La Virgen de Consolación, Mare de la Iglesia, es una imagen de candelero para vestir caracterizada por su marcada frontalidad y su gran delicadeza emocional. Sus ojos, pintados sobre la talla, tienen las pupilas celestes. Las pestañas postizas dulcifican su mirada baja y llorosa. La boca entreabierta muestra los dientes tallados y la lengua. Y el hoyito de la barbilla acentúa el carácter grácil de la figura. En su estación de penitencia, la imagen luce sobre el pecho el pectoral que el Cardenal Bueno Monreal ostentó al ser elevado a la dignidad de Príncipe de la Iglesia. En 1991 fue restaurada por el propio Dubé de Luque, que le incorporó nuevo candelero y restañó ciertas fisuras. También procedió a repolicromarla en tonos más trigueños, utilizando frescores con polvos terrozos, diluidos a manera de temple con cera. Nuestra Señora de la Aurora Ntra.Sra.da la Aurora Esta imagen pertenece a la iglesia de Santa Marina y procesiona acompañada por la Ilustre y Lasalina Hermandad y Cofradía de Nazarenos de la Santa Cruz, Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, Nuestra Señora de la Aurora y San Juan Bautista de la Salle. La imagen de Nuestra Señora de la Aurora, gubiada por Dubé en 1978, sustituye a otra anterior realizada por Jesús Santos Calero. Es una imagen de candelero para vestir que carece en su rostro de rictus doloroso, dado el espíritu jubiloso de la Resurrección de Cristo, quedando bien patente una serena belleza en sus rasgos. Representa, pues, el momento de transición desde el dolor a la alegría. Insiste, una vez más, en las características morfológicas e iconográficas del autor. En la diestra porta el tradicional pañuelo y una azucena de plata. La imagen ha estacionado por primera vez a la Santa Iglesia Catedral, tras el paso de Cristo Resucitado, el Domingo de Pascua de 1992. Nuestro Padre Jesús Cautivo Cartel 2007 La imagen, tallada por Dubé de Luque en la década de los ochenta, se venera en la Cuesta, concretamente en la parroquia de La Candelaria. La acompaña la Hermandad y Cofradía de Nuestro Padre Jesús Cautivo que, fundada en 1993, viste capirote y túnica blancos, con abotonadura y fajín también blancos. Representa el momento en que, tras ser apresado en Getsemaní, Jesucristo fue abandonado por sus discípulos, que huyeron temerosos (Mc. 14, 50). Jesús Cautivo, de pie, maniatado, refleja en su rostro una profunda desolación. La faz y el cuello quedan surcados por gotas de sangre, producto de la hematidrosis que Cristo padeció en el Huerto de los Olivos. La figura, carente de hieratismo, viste túnica blanca. Sus poderosas manos quedan atadas por dorado cíngulo. Sobre su testa resplandecen, nuevamente, las tres potencias doradas que dejó de lucir en las semanas previas a la Semana Santa. Iconográficamente, pues, esta imagen responde al modelo impuesto por el Cristo de Medinaceli, profundamente ligado a la Orden Trinitaria. Fr. José Álvarez de la Fuente, en su obra Sucesión Pontificia... publicada en Madrid en 1746, se hace eco de una crónica de la Orden Trinitaria. Según la misma, Felipe III, para combatir a los berberiscos, envió tropas al mando de don Luis Fajardo para tomar Mámora, ciudad próxima a Argel. Ultimada la conquista, la mezquita fue transformada en templo cristiano. Precisamente, en aquel templo colocaron al culto varias imágenes, entre las cuales había una de Jesús Nazareno.  Jesús Cautivo, Granada Al ser reconquistada, muchos años después, dicha población por los musulmanes, los frailes trinitarios comenzaron a negociar en Fez el rescate del Nazareno. Los infieles, tras poner múltiples inconvenientes, decidieron entregar la imagen si los religiosos abonaban por ella su peso en monedas de oro. Una vez firmado el convenio, se colocó la escultura en un platillo de la balanza y, al comenzar los frailes a depositar monedas de oro, ésta se inclinó rápidamente como si su peso fuese muy leve. El prodigio se repitió cuantas veces cambiaron la balanza. Los moros enfurecidos por su impotencia ante la omnipotencia divina, arrojaron la escultura a una hoguera. Extinguido el fuego, el Cristo había quedado sin la más leve quemadura. Entonces, encerraron la imagen en un oscuro calabozo, como si de un cautivo vulgar se tratase. De inmediato, se declaró en la población una epidemia de peste. Aterrados, sacaron la imagen y, a través de Argel, Mojador y Tánger, la entregaron a los españoles. Los trinitarios trasladaron el Cristo a Madrid, poniéndola bajo el patrocinio de los duques de Medinaceli. Y, ante tal acontecimiento, la Orden Trinitaria, dedicada a la redención de cautivos, dispuso que una imagen de ese modelo iconográfico se expusiera al culto en todos los conventos trinitarios descalzos del mundo. Tan piadosa tradición trata de explicar, a nivel popular, la devoción a los Cautivos. La efigie de Jesús Cautivo es una consecuencia de ello y posee, pues, indudables vinculaciones con la devoción madrileña de Jesús de Medinaceli. EL CALENDARIO DE L A SEMANA SANTA La Semana Santa se constituye en el eje central del calendario litúrgico, por ello las demás fiestas móviles dependen de su localización. Su movilidad viene de antiguo. Para entenderlo mejor hemos de remontarnos a los primeros pueblos localizados en el Mediterráneo, quienes se guiaban generalmente por dos tipos de calendario: el llamado solar, en el cual los meses se ajustaban siguiendo las estaciones del año, lo establecieron los egipcios y nos fue transmitido por los romanos. Otro, el lunar, que clasificaba los meses siguiendo las fases de la luna, fue instaurado por los babilonios y seguido por los judíos.
La fiesta de la Pascua judía (Pesah) se celebraba el día catorce de la primera luna del año, que correspondía al mes primero de su calendario religioso, llamado Nisán. La Iglesia, en sus inicios, para la fijación de las fiestas siguió el calendario lunar y posteriormente el de los romanos. Cuando se adapta la fecha de un calendario lunar a otro solar, ésta no aparece fija, sino que fluctúa entre un periodo determinado.
La Pascua de Resurrección fue establecida por el Concilio de Nicea, celebrado del 20 de mayo al 25 de junio del año 325 bajo el pontificado de Silvestre I, en el domingo siguiente a la primera luna llena que siguiera al equinoccio de primavera y si la luna llena fuera en un domingo y coincidiera con la fiesta de la Pascua judía, la Pascua de Resurrección tendría que conmemorarse al domingo siguiente. El equinoccio, o paso del Sol por el ecuador celeste, ocurre el 21 de marzo. Así pues, la Semana Santa, y más concretamente el Domingo de Resurrección, se dará necesariamente en primavera, entre el 22 de marzo y el 25 de abril. |