Por/José Guillermo Rodríguez Escudero
“LA MAGDALENA”Otra de las imágenes importantes en nuestra Semana Santa es la “Santa Magdalena”, obra neoclásica próxima al estilo de Luján, “tanto en su gesto como en su expresión”. Desfila en dos ocasiones en el Viernes Santo. Por la mañana, acompañando al impresionante “Calvario” y por la tarde toma parte en el “Santo Entierro” desde El Salvador. “Magdalena” es un gentilicio de la ciudad de Magdala, en Galilea. Este nombre procede de “migdal”, torre, aplicado a María, la famosa pecadora arrepentida de Jesús. Hoy es sinónimo de “mujer arrepentida” o de “mujer llorosa”. El historiador Fernández García, en su carta abierta titulada “Puntualización” dirigida al don Pedro Tarquis - constante colaborador del periódico “La Tarde”-, hace una muy completa descripción de la bella talla de la Santa de Betania. Esta “María Magdalena” de Estévez del Sacramento, que aparece de rodillas al pie del “Crucificado”, es una imagen “de un cuidado modelado. El artífice logró imprimirle la más viva expresión de dolor, aunque sereno, en su bello rostro, y prestó el debido esmero al peinar con su magistral gubia su ondulada cabellera”.
De esta sublime forma, responde al mencionado Sr. Tarquis, quien dijo, con una alta dosis de ironía, que el artista la había esculpido durante una “baja inspiración” - es decir, una clara descalificación para la magnífica escultura -, apreciación desafortunada y “desacertada” según Fernández.
Siguiendo con esta epístola dedicada a Tarquis, Alberto- José explica que, en el documento presentado por el primero - concretamente en el apartado trece, donde hace referencia a nuestra bella “Magdalena”-, también se recoge la respuesta del palmero a la apreciación que sobre ella hizo el historiador tinerfeño Rvdo. Don Sebastián Padrón Acosta: “La filiación se tomó del trabajo de Don Sebastián Padrón. Éste la califica como de la época de menor inspiración del artista”.
La lógica respuesta de Fernández García ante este escarnio, no se hace esperar: “Sinceramente, en lo que a La Palma respecta, no hemos tenido suerte al ser tratado nuestro patrimonio artístico por diferentes historiadores canarios, aunque nada más lejos de la verdad es que por nuestra parte pensemos haya habido propósito adverso en los trabajos y comentarios, sino simplemente conclusiones erróneas, entendiendo que con frecuencia, es fruto de una mala información”. Se trató de una magistral y exquisita lección de diplomacia.
A esta obra neoclásica de candelero de hacia 1837, de excelente modelado próximo al estilo de Luján, tanto en su gesto como en su expresión, se la presenta arrodillada, fijando su mirada hacia el suelo, en plena contemplación. Está arropada con los ricos vestidos de época, de gran ostentación, posiblemente para delatar su primera vida pecadora, si bien, después de haber ungido los pies de Cristo en casa de Simón “el leproso”, dedicó el resto de sus días a la vida penitente.
La familia descendiente de los García y Aguiar, regalaron a la imagen un magnífico traje de terciopelo bordado en oro, y las cuelgas del trono confeccionadas del mismo material.
A los pies y a la derecha de la cruz, en el fabuloso paso de “El Calvario”, que desfila la mañana del Viernes Santo, se encuentra la escultura de la Magdalena del genial artista orotavense, a la que el autor logró darle la “más viva expresión de arrepentimiento”. La mano derecha la descansa sobre el pecho, y la izquierda toma una actitud expectante. Es extraordinaria la soltura con la que Estévez talló la hermosa cabellera.
Como expresó el cofrade Francisco Acosta Felipe: “la Santa se ensimisma en el misterio del dolor y mira los pies que un día obsequiara de otra forma (la tradición siempre ha hecho coincidir a esta mujer con la perdonada por su amor), así como reflexiona sobre el misterio de la crucifixión.”
También el querido periodista Luis Ortega Abraham alabó la pieza: “La Magdalena, a los pies de la cruz, escultura de extraordinaria belleza, con el lirismo del mejor Estévez…”.
Recordando a Lope de Vega en sus versos titulados “A la Santísima Madalena”: “Buscaba Madalena pecadora/ un hombre, y Dios halló sus pies, y en ellos/ perdón, que más la fe que los cabellos/ata sus pies, sus ojos enamora…”. En palabras del restaurador Domingo José Cabrera Benítez: “Qué triste la mañana del Viernes Santo, cuando tras el dintel de la Parroquia de San Francisco, se oculta la carita apenada, de juvenil hermosura, de María Magdalena…” Por la tarde del Viernes Santo, desde 1946 (durante muchos años dejó de salir, recuperándose nuevamente en 1999), sale en otro pesado trono, pero tan sólo acompañada por una solitaria cruz de madera y los símbolos de la Pasión. Últimamente también participa junto a ella el “Ángel Confortador” (del paso del “Señor del Huerto”), así como las representaciones de las cofradías de San Francisco. La procesión sale en dirección a El Salvador para tomar parte en la Magna Procesión del Santo Entierro. Actualmente la acompaña la magnífica “Cofradía de la Piedad” del Hospital de Dolores. En el libro de la “Cofradía de la Misericordia”, conservado en la Parroquia Matriz, en el inventario hecho el 5 de agosto de 1681, se nombra las imágenes que salían procesionalmente aquel día, entre las que se encuentra “…y de vestir la Magdalena”. Alberto-José, en 1963 ya había informado que esta antigua talla, “estaba hasta hace unos cincuenta años en San Francisco”. El Mayordomo don Vicente García de Aguiar y Carballo, Regidor del Ayuntamiento, se hizo cargo de los gastos de la procesión, tradición que fue seguida por su hijo, el Coronel de Armas don Francisco Javier García de Aguiar y Pérez (1797-1883), Caballero de la Orden de Carlos III. Éste fue el encargado de renovar las tallas, ante el deterioro que mostraban las antiguas de San Juan y la Magdalena. La procesión aún hace una parada, ya tradicional, ante la casa del Señor García de Aguiar en O’Daly, 25
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