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domingo, 14 de marzo de 2010
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El Gobierno de Canarias transfiere 64 millones de euros a los Cabildos
De esta forma, el Gobierno muestra su interés por la situación que atraviesan las corporaciones insulares, contribuyendo a la correcta prestación de los servicios públicos asumidos por los Cabildos como consecuencia de las competencias transferidas por la comunidad autónoma

La Consejería de Economía y Hacienda del Gobierno de Canarias, presidida por José Manuel Soria, ha hecho efectivo el primero de los cuatro pagos periódicos, por importe de 51,2 millones de euros, que les corresponden a los Cabildos insulares para cubrir los costes de las competencias transferidas a lo largo de este año. También ha autorizado el pago de otros 9,5 millones de euros correspondientes a la actualización de estos mismos costes por la liquidación del ejercicio 2007.

Además, a estas cantidades hay que añadir 3,5 millones de euros como primer pago en 2010 por la repercusión a los Cabildos de la mejora del nuevo sistema de financiación de las comunidades autónomas. Esta inyección económica es el reflejo del compromiso adquirido por el Gobierno de Canarias con la Federación Canaria de Islas (Fecai).

En total, se han transferido a los Cabildos 64 millones de euros que, a pesar del ajuste económico en el que se ve inmerso el Ejecutivo canario, muestra el interés por la situación que atraviesan estas corporaciones, circunstancia que se materializa en la financiación aportada a las arcas insulares.

En concreto, la Consejería de Economía y Hacienda ha autorizado el pago al inicio de cada trimestre de este año del 25% del coste de las competencias transferidas a los Cabildos correspondientes a 2010.

De esta forma, de los 204.761.128 euros destinados a este fin a lo largo de todo el año el Cabildo de El Hierro recibirá en el primer trimestre de este año 1.759.937 euros; el Cabildo de Fuerteventura, 2.658.736,50 euros; el Cabildo de Gran Canaria, 17.886.827,75 euros; el Cabildo de Lanzarote, 2.279.984,75 euros; el Cabildo de La Gomera, 2.128.558 euros; el Cabildo de La Palma, 5.508.302,75 euros, y el Cabildo de Tenerife, 18.967.935.25 euros.
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Pregón de las fiestas y Romería de San Benito Abad 2009 (I) PDF Imprimir E-Mail
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Escrito por Administrador   
viernes, 03 de julio de 2009
 
Julio Fajardo Sánchez
Pregonero 2009
 
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                                                                   Foto:Urbano Barber Freind
 
El diccionario de la Real Academia Española fija tres acepciones para la palabra romería. En primer lugar la define como un viaje o peregrinación, especialmente la que se hace por devoción a un santuario. En segundo término aparece como fiesta popular que con meriendas, bailes, etc., se celebra en el campo inmediato a alguna ermita el día de la festividad religiosa del lugar. Y el tercer significado es el de gran número de gente que afluye a un sitio. Estas tres cosas y algo más es la romería que se celebra cada año en La Laguna el segundo domingo del mes de julio. Por eso, mezclando los tres sentidos que le otorga el lenguaje, vamos a intentar entender de qué trata este acontecimiento misterioso y mágico que convoca a tan elevado número de personas.

San Benito es una fiesta de labradores que agradecen al santo su protección sobre las cosechas y sobre el ganado. Pero ¿a dónde peregrinan estos romeros acompañados de sus rebaños y subidos sobre sus carretas de labranza adornadas con las espigas del trigo que está a punto de ser llevado a las eras? ¿A qué santuario se dirigen para hacer su homenaje? ¿Qué es lo que es objeto de visita? La respuesta es clara. El fin de la peregrinación es la propia ciudad que, por un día, se ve invadida por el campo que la circunda. Por tanto hablar de la romería de San Benito es lo mismo que hablar de la ciudad de La Laguna.
 
La ciudad de La Laguna es un objeto que nació con rapidez y que se ha mantenido en el tiempo intentando defenderse de continuas amenazas para ser dañado. Su proyecto fue concebido desde el principio con la misma disposición con que ahora lo vemos y sus edificios fueron levantados con premura, de tal forma que a los pocos años tenía un aspecto bastante consolidado. El territorio donde se va a asentar la nueva ciudad es elegido con cuidado exquisito para que el resultado sea el óptimo. Si seguimos a los historiadores debería ser una auténtica delicia. “Aire puro; ambiente fresco; bosque frondoso de variados tonos de verdura, matizado por el fruto del madroño y el mocán; lago de aguas cristalinas, sombreado en parte por la espesura del monte, y al que alimentaban las pequeñas fuentes que en hilillos de plata bordaban las montañas: aprisionado todo por una cordillera tapizada de enjuncias, maljuradas y otras flores silvestres y coronando el paisaje la majestuosa figura del Teide, en cuyas nieves los rayos del sol reverberan, esparciendo destellos que inundan de luz nuestros campos, los fértiles campos de Nivaria, siempre alegres y risueños”. Estas palabras de José Rodríguez Moure pudieran parecer objeto de la pasión de un corazón exaltado por el amor a su terruño, pero lo cierto es que cualquiera que haya paseado por su vega en una mañana luminosa ha sido capaz de sentir las mismas sensaciones que expresa el autor de la Guía Histórica.

En 1496 ocurre algo interesante en una isla de un archipiélago situado al oeste de la costa africana. Alguien planifica una ciudad allí donde hasta el momento no existía nada parecido.  Los que conocemos la historia del urbanismo sabemos los terribles esfuerzos que llevaron a alumbrar a las civilizaciones y a las ciudades. Se necesitaron condiciones especiales: una población sedentaria, quizá dedicada a la agricultura, en contraposición a las agrupaciones nómadas, entregadas al pastoreo. Fue imprescindible el establecimiento de una rudimentaria estructura comercial y una mínima voluntad organizativa. Aparte de todo esto, el lugar debería disponer de agua y disfrutar de un clima que hiciera las condiciones de vida aceptables. Las ciudades antiguas que han llegado hasta nosotros están ubicadas sobre sus propios derrubios. Algunas de ellas se encuentran sobre montañas de arcilla que no son otra cosa que los materiales disgregados que sirvieron para construir las primitivas casas. Es lo que se llama tell. Un yacimiento excavado en los años sesenta del pasado siglo, nos muestra una de estas ciudades: Uyuk Arak, que cuenta con diez mil años de antigüedad, otra de esas ciudades es Ur de Caldea, donde nació el patriarca Abraham, tronco común de todas las religiones del oriente medio. Sin irnos tan atrás en el tiempo, Mérida, la Emérita Augusta de los romanos, está edificada actualmente sobre sus propias ruinas y no es difícil encontrar casas en las que se utilizaron, para la construcción de sus paredes, sillares columnas y capiteles de las antiguas edificaciones ya desaparecidas. Son ciudades que han sido testigos del paso de distintas culturas sobre ellas, distintas arquitecturas y hasta distintas religiones. Pero todas ellas tienen algo en común, su voluntad de definir un espacio urbano en contraposición con el entorno natural y rural que abandonaron. La vida organizada en la ciudad libera al hombre de su dependencia fatal con la naturaleza y le ayuda a progresar hasta conseguir eso que hoy llamamos civilización y que no se puede entender sin su desarrollo en un ambiente urbano. Pues bien, todo este proceso lento y largo por el que dejamos de ser una agrupación de seres vivos inteligentes para convertirnos en ciudadanos, habitantes de una ciudad y objeto de derechos y obligaciones, en La Laguna se produjo justo en el momento en que el renacimiento había madurado la idea de la urbe moderna, perteneciente a un estado moderno, en un intento cultural sin precedentes por el que se procuró resucitar el modelo de vida organizada de los estados ciudades de la antigua Grecia. Ese fue el gran cambio, el gran acontecimiento. A partir de ese momento, la agrupación de edificios dispuestos de forma ordenada en las cercanías de una laguna de aguas cristalinas fue conocida como la ciudad. Hay una copla en nuestro folcklore que la retrata y dice así: “De Candelaria la Virgen/ De Güimar señor San Pedro/ de Arafo San Agustín/ De la Ciudad Los Remedios.
Modificado el ( miércoles, 08 de julio de 2009 )
 
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