| LA NOCHEVIEJA EN LA LAGUNA HASTA LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX. (II) |
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| jueves, 31 de diciembre de 2009 | |
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Por/Julio Torres Santos ![]() Los bailes de candil son fiestas especialmente ritualizadas, tanto que podemos trazar una serie de características que, salvando las variaciones de época y lugar, se repiten una y otra vez. Las ‘constantes’ de dichas fiestas son: Las celebraciones festivas de la localidad (santos patronos, Navidades, etc.) o bien las largas noches de invierno, cuando la faena de trabajo en el campo era poca y la diversión escasa. La noche de San Silvestre era preciso conjurar a las brujas con un rezo que parece ser el mismo en todos los pueblos de la Isla, aunque con variaciones. La variación de El Sauzal reza así: “San Silvestre de Montemayor guárdeme mi casa y todo alrededor de brujas y hechiceros y veredas por donde yo voy”. Bethencourt Alfonso (1985) recoge un rezo similar del que dice que era preciso repetir tres veces, trazando en el aire tantas cruces como rincones tenía la habitación donde se dormía: “San Silvestre Monte Mayor, guarda la cama y todo alrededor de brujas y hechiceros y del hombre malhechor”. Ésta era la fórmula en La Laguna, pero Domingo García Barbuzano recoge una variante de la misma en La Laguna y otra en Valle de Guerra: “San Silvestre Montemayor, cuida la casa alrededor de la bruja hechicera y del hombre malhechor”. (La Laguna) “San Silvestre Montemayor, conquista, conquistador conquista mi casa, mi cama y todo mi alrededor, de bruja, hechicera, y del hombre malhechor”. (Valle de Guerra) Según Bethencourt Áfonos (1985) esta oración se ampliaba con lo siguiente: “Yugo en frente, freno en boca ¡Dios me libre de vosotras! Jesús en trances de a dos en tres, que los de avance abatan, Amén”. Domingo G. Barbuzano también recoge una serie de amuletos dispuestos en las casas esa noche para prevenir y atajar el mal (cruz de hollín o de añil, colmillos de perro, cordones de San Francisco,...), así como la incineración de una serie de elementos (tierra de cementerio cogida al anochecer, hierbas recogidas con el rocío en la noche de San Juan,...). En torno a los años veinte y con la popularización de los bailes del Leal comienza a celebrarse la nochevieja con las connotaciones que hoy conocemos. Por estos lares se decía que las fiestas más importantes eran el Cristo de La Laguna, el Cristo de Tacoronte, los Reyes de Tejina y la nochevieja en el Leal. Las gentes solían acudir a piñatas que se celebraban en casas particulares. En la que nos han contado, bajo la luz proporcionada por las capuchinas, chicos y chicas cantaban o bailaban al son de una sola guitarra y bebían y comían los productos que habían adquirido aportando todos su parte. Pero también entonces el temor a las brujas continuaba flotando en el ambiente, como revela la anécdota que transcribimos: “Salimos a una piñata en el Ortigal y se nos dijo que al regreso tuviéramos cuidado porque estaba saliendo una bruja. Por suerte bajamos y la bruja no nos salió.” También era frecuente reunirse toda la familia en la casa del patriarca, donde se hacía un baile. Tomaban vino, chocolate,... y no podía faltar el típico caldo de gallina. En los años 40 de pasado siglo XX, el Orfeón La Paz, convirtió al Teatro Leal, en el centro más importante de las fiestas bailables de Fin de Año de toda la Isla. |
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| Modificado el ( jueves, 31 de diciembre de 2009 ) |