| La Fuga de San Diego volverá a la histórica ermita lagunera (III) |
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| miércoles, 10 de noviembre de 2010 | |
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Julio Torres Santos Recopilación ![]() En la actualidad, las casas del convento la hacienda en la que está enclavada forman una agradable residencia de verano. Es unos de los sitios más amenos de La Laguna y aunque ofrezca pocos recuerdos de su pasado, su visita participa del encanto del paisaje que le rodea. Cabe añadir, que para el buen lagunero, así como para cualquier visitante sensible a los encantos de la naturaleza y a los misterios del pasado, el convento, la iglesia y el sitio de San Diego del Monte constituyen una estampa llena de poesía, cuya evocación vuelve con frecuencia en las páginas de los escritores isleños. El paisaje es, sin duda, de los más hermosos de la vega lagunera, impregnando de una tranquilidad recoleta, lleno de sombras como casi no se sospecharía encontrar en la isla del sol. A todo esto se añade el recuerdo de tantas sombras recogidas en esta soledad de tantos hombres que han preferido esta paz al tráfago mundo. Entre ellos la figura más popular es sin duda Fray Juan de Jesús. Había nacido en Icod, el 20 de diciembre de 1615, y es tradición de que pertenecía a una familia descendiente de los menceyes de Daute. Fue primero aprendiz de, tonelero en Garachico, luego fraile recoleto y calificador del santo Oficio. Falleció el 6 de febrero de 1687, en este convento, en el que está sepultado. Solía retirarse a una casita aislada, que se llama del Siervo de Dios, cerca del convento, en el que estaba en el medio del bosque. Se hizo popular por su dulzura y bondad para todos. Su nombre suena todavía como el de un Santo Local. Antes de entrar en la iglesia, a la derecha, estaba un crucifijo con una talla del siglo XVII, algo estropeada por la intemperie del tiempo (hoy desaparecida después de la última obra de restauración). La entrada a la iglesia se hace por una puerta con arco de, cantería gris. A su lado izquierdo está el campanario con dos campanas, y más allá, pegada a la iglesia, la casa del antiguo convento, hoy de los propietarios. El interior del convento es de una sola nave y de unos 21.20 m de largo con unos 9.20 m de ancho (la Ermita), con piso de mosaico, techo artesonado, coro alto de madera y dos ventanas en la pared derecha, todo ello moderno y de gran sencillez. El presbiterio, con cuatro gradas más alto que el piso de la nave, estuvo separado de la misma por una baranda de madera, pintada de blanco. El retablo, de madera pintado de blanco y dorado (hoy también desaparecido tras el abandono de los últimos años), contenía en sus nichos las tres imágenes de la virgen de los Ángeles, entre San Diego y San Francisco, las dos últimas imágenes están en su mismo sitio por lo menos desde 1830. En la pared del presbiterio, a la derecha, está una lápida empotrada, con la inscripción: "Mandó a fundar este convento de recoletos descalzos de San Diego, Juan de Ayala Dávila y Súñiga, su patrón y fundador, y lo hizo hacer el" maestre de campo Don Luis Interián, regidor perpetuo, cumpliendo la voluntad de su testamento, siendo guardián el M.R.P. Definidor Fr. Temundo. Año de 1648". De donde aparece resultar, que la iglesia empezó a edificarse desde aquel año 1648. También en el presbiterio, en la pared opuesta, una lápida cuya inscripción de pintura empieza a borrarse, indica la sepultura de Fray Juan de Jesús. |
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| Modificado el ( miércoles, 10 de noviembre de 2010 ) |