| MONUMENTOS DEL JUEVES SANTO LAGUNERO |
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| lunes, 18 de febrero de 2013 | |
![]() Al llegar el Jueves Santo no existe otro apelativo que describa mejor a La Laguna que el de “monumental”. Si bien, traspasado el ecuador de su Semana Mayor, cada ciudad erige un Monumento para custodiar la Sagrada Forma, como conmemoración de la Institución de la Eucaristía y Día del Amor Fraterno, los de La Laguna son colosales y majestuosos. Los Monumentos del Jueves Santo lagunero se distinguen por ser sublimes exposiciones que los distintos templos hacen de sus más valiosas piezas de orfebrería en honor al Cuerpo Consagrado de Cristo, que permanecerá encerrado en ellos hasta la tarde del Viernes Santo, cuando nuevamente los fieles puedan comulgar. ![]() Pero no se trata de una simple exposición, pues andas, sagrarios, cantoneras, columnas, etc. se entremezclan originalmente con cirios, flores y los más diversos símbolos para conformar una peculiar construcción, no ajena a la maestría de quienes la compusieron. Todos los años, cada templo erige un nuevo Monumento del Jueves Santo, pero siempre sobre una misma base. Así, la Iglesia Matriz de Nuestra Señora de la Concepción exhibe, junto al tabernáculo de inconfundible estilo isleño, las inapreciables andas barrocas labradas por José Antonio Rodríguez y estrenadas en 1754; el Monumento de la Santa Iglesia Catedral (cerrada en la actualidad por obras) se apoya siempre sobre las tablas flamencas insertas en el gran retablo de Pedro Alonso Mazuelos; el de la parroquia de Santo Domingo sobre el retablo de plata y metal repujados por distintos orfebres, siendo César Fernández Molina el último de ellos, y en el que destaca el manifestador de Pedro Merín de 1715; la hornacina del Stmo. Cristo de La Laguna es el marco habitualmente elegido por el Santuario donde ésta venerada imagen recibe culto; sobre sus altares mayores componen siempre sus Monumentos el Hospital de Dolores (cuyo tabernáculo para disponer el Santísimo fue costeado por el comerciante francés Bernardo de Fau en el siglo XVII) y los conventos de clausura de Santa Clara y Santa Catalina, éstos últimos siempre destacables por su delicada ornamentación a base de flores. También son de destacar los Monumentos del antiguo Hospital de San Sebastián, hoy asilo de ancianos, de las Siervas de María, de San Juan, de San Benito y de San Lázaro. ![]() ![]() La idiosincrasia de los Monumentos laguneros radica en la particular conjunción de la imaginación, el talento y la maestría de sus artífices, que no escatiman en adornos florales, con la riqueza de la orfebrería de la Ciudad, pues no en vano ésta contó con talleres como los de Antonio Juan Correa Corbalán (una de las figuras más descollantes en el arte de la platería del Archipiélago y cuyo taller fue el que contó con el mayor número de oficiales de la época), Ildefonso de Sosa (a cuyo taller debe mucho la fama de la orfebrería lagunera de esta época) o Antonio Agustín Villavicencio (uno de los grandes plateros tinerfeños), que la convirtieron en el núcleo más importante de la orfebrería de Canarias durante el siglo XVIII. Además, a este patrimonio es preciso sumar el aportado por las piezas procedentes, sobre todo, de América, pero también de Europa, especialmente de la Península Ibérica. Si bien la desamortización del siglo XIX diezmó considerablemente este patrimonio, afortunadamente se conserva parte de él. La tradición de la orfebrería en La Laguna se remonta a 1640, alcanzando su apogeo, como se ha dicho, durante el XVIII, en el que existían ocho talleres en la ciudad. “En esta segunda etapa del arte isleño (etapa barroca), sin que otras poblaciones dejen de aumentar el número de sus talleres y de sus artífices, la ciudad de San Cristóbal de La Laguna, capital de la Isla de Tenerife, es el centro plateril de más importancia del Archipiélago”. Muchos orfebres visitaban la ciudad, dejando su influencia en los diversos talleres, pero con el tiempo los oriundos fueron creando la escuela lagunera, con características e idiosincrasia propias. Como recoge Hernández Perera “de sus talleres salen piezas para abastecer las necesidades y peticiones de todas las islas. Fue en La Laguna donde nacieron y se desarrollaron las soluciones más características de un arte genuinamente indígena, que trascienden y pasan no sólo a los demás centros productores de país, sino incluso perviven durante todo el siglo XIX”. Este desarrollo se explica por la abundancia de plata, merced a la mayor prosperidad comercial y al volumen de intercambio con América y con el extranjero desplegados en este periodo por Tenerife frente al resto de las islas. ![]() Los motivos usados por los artistas canarios para sus repujados fueron tomados, fundamentalmente, del barroco sevillano, aunque también hay claras influencias de los repujados mejicanos, más tardíos, y de los portugueses. |
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| Modificado el ( miércoles, 27 de marzo de 2013 ) |