| LA VIRGEN DE CANDELARIA (Y DE LA LAGUNA) |
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| viernes, 03 de febrero de 2012 | |
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Por Carlos Rodríguez Morales ![]() ![]() Ya en 1507 Simón Valdés dispuso en su testamento la fundación de una capilla dedicada a la Candelaria en la iglesia del Monasterio agustino del Espíritu Santo. Aunque esto no llegó a efectuarse, al menos desde 1520 existió en aquel templo altar dedicado a esta advocación mariana donde tuvo su sede la primera cofradía dedicada a la Virgen. De tal forma, este culto no se ciñó —y desde fecha bien temprana— al lugar donde se veneraba la antigua imagen, sino que se extendió a todo Tenerife, al resto de las Islas y también fuera de ellas, especialmente en la América española. En esta particular geografía de la Candelaria La Laguna ocupa un lugar destacadísimo, evidente en los siglos pasados y desvaído desde que en 1771 la primitiva efigie visitó por última vez la ciudad. Durante aquellos traslados, la iglesia del Convento de Santo Domingo se transformaba por unos días —a veces semanas— en santuario mariano. La Virgen recorría en procesión las principales calles, visitaba los templos de la ciudad y compartía ocasionalmente protagonismo con el Crucificado del Convento de San Francisco, el Cristo de La Laguna. Esos días la Virgen de Candelaria era, podría decirse, la «Virgen de La Laguna». Los documentos respaldan el afecto de nuestros antepasados por la Madre de Dios bajo este título y a través de aquella imagen que, aunque de talla completa, se mostraba a la veneración revestida, tal y como quedó retratada en numerosas veras efigies. ![]() El Monasterio de Santa Clara posee, entre otros retratos, uno firmado por Domingo de Baute, de los años centrales del siglo XVIII. En el baptisterio de la Iglesia de la Concepción puede admirarse uno que, aunque deteriorado y de modesta factura, tiene el aliciente de ser el único conocido que muestra a la Virgen en sus andas de plata. En la Iglesia del Hospital de Dolores, además de una escultura vestidera de esta iconografía, se guarda un retrato de la antigua imagen, de medio cuerpo, semejante en su encuadre a otro que pertenece a la Iglesia de San Lázaro. Aunque por sus valores formales nos pareció tras su restauración, en 2004, obra de Quintana, ahora sabemos que no puede ser suyo, pues la joya en forma de águila bicéfala que porta sobre el pecho fue ofrecida a la Virgen por la marquesa de Torrehermosa y Acialcázar en 1735, diez años después del fallecimiento del pintor. Próxima a Quintana parece la de la Casa Montañés, sede del Consejo Consultivo, por citar solo algunas. Además de esta iconografía de la Candelaria retratada con sus vestidos y con sus alhajas, durante el siglo XVIII hizo fortuna otro tipo de representaciones en las que la efigie se muestra desprovista de ropajes postizos junto a dos o tres guanches, en una especie de recreación de su hallazgo en la costa del reino prehispánico de Güímar. La Laguna conserva también ejemplares de este otro modelo, entre los que sobresale la decoración de la pared central de la caja de la escalera de las antiguas Casas de Cabildo, hoy Ayuntamiento. La historia de la patrona de las Islas es, sin duda, uno de los temas más ricos e interesantes de nuestro pasado, en el que confluyen aspectos religiosos, artísticos, literarios, etnográficos o sociológicos: la Candelaria conectó e integró a indígenas, conquistadores y repobladores, a los canarios que se quedaron y a los que emigraron —también a los que retornaron—, e incluso a los que creen y a los que no. La Virgen sigue haciendo «milagros». |
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| Modificado el ( viernes, 03 de febrero de 2012 ) |