FINALIZA LA XXXV VISITA DE NTRA. SRA. DE CANDELARIA A LA LAGUNA
Escrito por Administrador   
sábado, 23 de mayo de 2009
 
Por/ Julio Torres Santos
 
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La venerada Imagen de la Virgen de Candelaria se despide hoy, 22 de mayo, de la Ciudad; un adiós embebido de innumerables, diversos e infinitos sentimientos recíprocos entre Ella y los laguneros y laguneras. Una despedida, en suma, con sabor a siglos y con ese agridulce regusto de resignación entretejida con visos de regreso
 
Ella nos abandonó en una de esas tardes “muy laguneras”, propias de la Ciudad de los Adelantados en esta época del año. Una tarde, por lo tanto, caracterizada por ese “chispear”, conocido entre los campesinos de La Vega como “sorimba” y que también, en esta antañona Ciudad se ha denominado, a través de los siglos, como “Lágrimas de San Juan”. Estas lágrimas humedecían las techumbres de teja árabe de las casonas y palacios de San Cristóbal de La Laguna, también sus característicos verodes y dragos, así como los adoquines de sus angostos callejones, los muros de sus conventos,…; simbolizando, en este caso, las lágrimas con las que los laguneros y laguneras despedían a la Señora de Canarias. Se verificaba así un adiós que hemos cumplimentado, generación tras generación, a través de los siglos; con ésta, en treinta y cinco ocasiones.

Evocadores instantes se agolpan en mi memoria, pues aún recuerdo que, siendo un niño, cuando Nuestra Señora de Candelaria, “Chaixiraci”, visitó La Laguna en 1964, también esa persistente llovizna lagunera inundó la Ciudad, calándonos “hasta los huesos”. Entonces pensé, tal como hoy, que ese húmedo e inclemente torbellino simbolizaba el lastimero llanto que manaba de las antañonas piedras, las lágrimas de la envolvente atmósfera de una Ciudad y de sus gentes que siempre se han rendido a los pies de la Patrona de Canarias.
 
Climatología aparte, sin duda, todas las generaciones de laguneros y laguneras, desde aquella primigenia visita de 1555, han abrigado idénticos sentimientos de desamparo, han experimentado las mismas sensaciones cuando la Virgen Morena regresaba, una vez más, a la costa para que su tez volviera a ser acariciada por la marecía.

Para esta XXXV despedida, La Candelaria se revistió de un hermoso manto de color coral rojo intenso, que destacaba su tez morena y perfilaba su peculiar belleza, la de la imagen mariana más venerada. Como no podía ser menos, lucía su fajín malva y la vara de alcaldía, como prueba de su calidad de alcaldesa honoraria de la Ciudad más antigua de la Isla. Tampoco podía faltar su impresionante tiara de perlas, mostrando así una imagen que han perpetuado óleos y grabados a través de la Historia. Sublime belleza que removió todos nuestros sentimientos y que nos movió, postrados a sus pies, a pedirle y rogarle salud para todos y todas, de forma que podamos volver a recibirla en el año del Señor de 2023. Y si así no fuere, que interceda por nosotros para estar, junto a su Hijo, en el Reino del Padre.

Así, hermosamente revestida, estrenando el manto obsequio de sus custodios, los frailes dominicos –incrustado con adornos florales de color violeta, representativo de esta Ciudad-  y entre el vetusto y solariego repicar de los bronces de la torre de la Parroquia Matriz de la Isla, la de la Concepción de La Laguna, partió Ella para encontrarse con su Hijo. Ese Hijo que, en esta primigenia Ciudad de Tenerife, representa la Vera Efigie del Stmo. Cristo de La Laguna, la representación cristológica más venerada en Canarias.

Antes de este simbiótico encuentro entre las dos Imágenes más veneradas de Canarias, la marina y la cristológica, La Virgen de Candelaria y El Cristo de La Laguna, se le brindaron a Ella diversos honores; de éstos nos ocuparemos en subsiguientes artículos.
Modificado el ( jueves, 27 de octubre de 2011 )